El PS como Poncio Pilatos: ¿Dónde están los padrinos de Aguilera?
El PS como Poncio Pilatos: ¿Dónde están los padrinos de Aguilera?
Los órganos directivos del PS hicieron vista gorda sobre
la situación de Miguel Ángel Aguilera, a pesar de la evidencia
incontrarrestable que pesaba sobre él. Lo hizo Isabel Allende, quien al
recibir advertencias sobre el personaje, señaló: “son cosas que dicen
sobre él, pero no hay pruebas”. Lo hizo también Camilo Escalona cuando,
por votos, lo transformó en su compañero de fórmula.
Lo hizo en 2017, el subsecretario Mahmud Aleuy cuando en Interior se
sabía que algo grande se venía sobre el personaje y nada se hizo nada
por detenerlo. Lo continuó luego José Miguel Inzulsa, el “panzer”, quien
antes de renunciar como vicepresidente del PS, se erigió como tal con
los votos obtenidos principalmente en la comuna donde su compadre era
alcalde. Y lo acaba de hacer Paula Narváez, cuando durante todo este
tiempo, en especial desde que fue ungida, ha guardado, hasta hoy, un
sospechoso silencio.
Edison Ortiz
Para algunos de quienes lo conocimos, aunque fuese
periféricamente, resultó dramático ver a Miguel Ángel Aguilera
ingresando a Santiago 1. Mal que mal, se trataba de alguien que, en
algún momento, convivió con muchos actores relevantes del Partido
Socialista, algunos incluso de la política nacional. Los que llegaron a
conocerlo, compartieron visiones o proyectos comunes y ahora guardan
silencio. Mas bien se lavan las manos al estilo Poncio Pilatos, como
acaba de hacerlo su ex colectividad política.
Eso es precisamente lo que ha ocurrido con la actual mesa
directiva del PS, que dirigen Álvaro Elizalde y Andrés Santander, y que
se extiende a la propia candidata presidencial, Paula Narváez quien
guardó un silencio bastante cómplice respecto del ex edil y que hoy, tal
vez, podrían comenzar a pagar las consecuencias de esa omisión por no
haber roto nunca el cordón umbilical con Aguilera.
Miguel Ángel: auge y caída de quien soñó con la presidencia del PS
Como se sabe el exalcalde recién defenestrado comenzó su
carrera política, como muchos de nosotros, en torno a las luchas
populares contra la dictadura. En ese contexto llegó a militar a una de
las facciones del PS: la Renovación Socialista. José Miguel Insulza,
quien llegó tarde al gobierno de Aylwin y ejercía a fines de los 80' y
principios de los 90' como presidente del PS del regional más importante
del país –el metropolitano– atrajo en esa condición tanto a Aguilera
como a muchos a la que sería, por entonces, "la casa común de la
izquierda".
Por ese tiempo, Aguilera ejerció cargos de menor cuantía y
cuando el actual senador por Arica comenzó a desempeñar roles
relevantes en los gobiernos de la transición a partir de Eduardo Frei
Ruiz-Tagle, se transformó en uno de sus tantos asesores, del mismo modo
que el actual mandamás de la sede de calle Paris.
En el plano interno siguió vinculado al mundo de la
renovación y fortaleció su relación con otros pro hombres del sector
como Ricardo Núñez y de manera especial con Marcelo Schilling. Allí fue
aprendiendo cómo "construir maquinaria interna", "plancharse
adversarios" y ascender en política. Es su incipiente control
territorial lo que lo transforma en flamante concejal de la comuna a
partir de 2000, condición en la que permaneció hasta ser electo como
alcalde en 2012.
En por esos tiempos en que va ascendiendo lentamente en
el mapa político interno del PS hasta hacerse con un cargo de Comité
Central que es cuando varios protagonistas de las mesas directivas de
aquel periodo comienzan a escuchar sus sueños de grandeza, entre otros,
hacerse con la presidencia del PS. Por entonces, Miguel Ángel,
acostumbra como en "Perros de la calle" a usar trajes y corbata negros
combinado con camisas blancas, lo que le gatilla varias bromas de sus
colegas.
Participa activamente, como parte de la renovación de los
pobres –o "flaite", en oposición a la de los "Barones"- en el golpe de
estado que defenestra a la directiva de Gonzalo Martner a fines de enero
de 2005 para quedar en una buena pole position ad portas un probable
Gobierno de Michelle Bachelet.
Camilo Escalona, quien conoce al dedillo la nueva
sociología del PS, capta muy bien el fenómeno que representan, entre
otros Aguilera, y ofrece cargos parlamentarios, municipales y de
gobierno a diestra y siniestra a cambio de apoyar su putsch.
Sigue creciendo su poderío interno y en 2012 gana la
primaria interna a alcaldes ante su eterno rival por entonces, y hoy
secretario general del PS, Andrés Santander, haciéndose luego con uno de
sus sueños más preciados en su camino a la gloria: la alcaldía de San
Ramón.
Es entre 2013-2014 que se inician rumores sobre su
vínculo con microtraficantes y se hace correr la voz sobre una supuesta
golpiza sufrida producto del incumplimiento de un acuerdo con ellos.
Pero no es el único. También hay murmullos de la misma naturaleza sobre
alcaldes UDI y PPD. La diferencia, parece ser que Miguel Ángel, se
mimetizó con ellos. Es por aquel tiempo en que El Mostrador
me publica una primera columna sobre el encuentro lógico y natural
entre actores políticos, líderes evangélicos y microtraficantes en el
territorio ante el abandono absoluto del Estado con sus consabidas
consecuencias. Y allí se inicia la debacle de la política: los actores
tradicionales serán gradualmente reemplazados por gente vinculada a las
iglesias protestantes y al submundo narco, como ocurre cada vez con más
frecuencia.
Mientras tanto, Miguel Ángel continúa haciendo crecer su
poder en el área sur de la Región Metropolitana y al interior, de su
colectividad, donde su modelo de control se empieza a exportar a
regiones, siendo una de ellas la de O’Higgins. Con él se van a trabajar
varios personajes vinculados al mundo de la renovación de los pobres y
colaboran en hacer crecer sus tentáculos de manera no muy elegante como
sucedió en la comuna de Chimbarongo. Por esa vía llega a trabajar con
él, quien fuera la sorpresa electoral en gobernadores: Franklin
Gallardo, independiente ecologista, y quien, en su condición de
socialista y vinculado a este grupo, fue director del COSAM Bandera de
la comuna.
A Miguel Ángel, físicamente lo vi, por última vez, creo
que, a fines de 2016, en el hotel Crowne Plaza en compañía de su
compadre, José Miguel Insulza, y el diputado Marcelo Schilling, mientras
quien escribe estaba en un curso de capacitación de su trabajo. Por
aquel tiempo, el PS, se preparaba para enfrentar una elección interna y
ellos eran, una vez más, protagonistas. Se erigirá luego, nuevamente
como uno de los vicepresidentes de la colectividad, hasta que cayó en
desgracia.
PS: todos somos Aguilera
Cuando estalla el caso en 2017 través de un reportaje de TVN, nuevamente El Mostrador me publica una columna sobre el tema: "El PS y Miguel Ángel Aguilera: crónica de un escándalo anunciado"
donde describo cómo el PS, en especial sus órganos directivos hicieron
vista gorda sobre la situación a pesar de la evidencia incontrarrestable
que pesaba sobre él.
Lo hizo Isabel Allende quien -cuando recibió algunas
advertencias sobre el personaje- señaló "son cosas que dicen sobre él,
pero no hay pruebas".
Lo hizo también Camilo Escalona cuando, por votos, lo
transformó en su compañero de fórmula. Lo hizo la renovación que pese a
los datos lo amparó y lo hizo crecer a su lado; lo ejecutó el actual
presidente quien, como se sabe, renovaba su permiso de circulación en la
comuna, compartía la mesa directiva con Aguilera, y le enchufó como
jefe de gabinete a uno de sus hombres de confianza, Eduardo Bermúdez.
Luego de ser ministro de la Segegob, y después, junto a todo su Comité
Central le devolvió el favor designándolo como encargado nacional de la
secretaría de organizaciones sociales y populares.
Lo hizo en 2017, el subsecretario Mahmud Aleuy cuando en
Interior se sabía que algo grande se venía sobre el personaje y nada se
hizo nada por detenerlo. Lo continuó luego el "panzer" quien antes de
renunciar como vicepresidente del PS, se erigió como tal con los votos
obtenidos principalmente en la comuna donde su compadre era alcalde; y
lo acaba de hacer Paula Narváez cuando durante todo este tiempo, en
especial desde que fue ungida, ha guardado, hasta hoy, un silencio
sospechoso.
Cuando en 2017, se hizo público su caso, todo el mundo
esperaba una reacción enérgica del PS, pero ésta no llegó nunca. Es más,
el alcalde terminó renunciando por iniciativa propia y finalmente la
colectividad, que debía dar una lección tajante sobre el tema, prefirió
omitirse en San Ramón a la alcaldía cuando todo hacía suponer que, en
vista de lo sucedido estaba obligado a presentar una carta con tonelaje
político en esa comuna para disipar cualquier duda sobre su doble
estándar.
Me vino a la memoria entonces, una vieja conversación con
un antiguo operador de fuste quien, en octubre de ese año (2017), me
confidenció que aquello no sucedería nunca pues Aguilera "los tenía a
todos hackeados" y eso hacía muy difícil que alguien, en especial la
primera línea de mando del PS, se atreviera siquiera a cuestionarlo sin
correr el riesgo de una dura contra respuesta.
Por cierto, ahora vendrá el linchamiento en la plaza
pública de un personaje político de origen popular que no pone en riesgo
a nadie y con cuya sanción se intentará señalizar simbólicamente, la
exorcización del mal.
Nadie escudriñará si efectivamente el fenómeno que
representó Miguel Ángel se extingue con él, o como sucedió con Pablo
Escobar en Medellín, será el chivo expiatorio para que la situación
continué igual, aunque sin "la orgía" que representaba. Nadie tampoco
pondrá el foco en los electores que, a sabiendas de lo que sucedía, lo
reeligieron una y otra vez, tal cual como habría ocurrido en Rancagua,
Viña del Mar y otras comunas con ediles en situaciones legales
complejas. Nadie pondrá los ojos en un segmento de esos protagonistas
claves en tiempos de elecciones que desde hace años dejan que otros
decidan por ellos, o que, cuando votan, lo hacen pensando en un supuesto
favor que se les hizo con dinero público y en ningún caso en el interés
general o el bienestar común.
Las cosas, tal como van, tal vez, no cambiarán mucho,
después de todo, sin Miguel Ángel. Ni en el PS, ni en la sociedad que lo
vio crecer y fortalecerse para luego hacerlo caer al infierno.
*El contenido vertido en esta columna de opinión es de
exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la
línea editorial ni postura de El Mostrador.
Publicado en diario electrónico El Mostrado el 29 de julio de 2021.
https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2021/07/29/el-ps-como-poncio-pilatos-donde-estan-los-padrinos-de-aguilera/
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