Las tinieblas del clóset
Las tinieblas del clóset
¿Cuándo empezaron los abusos? ¿Cuántas generaciones los han sufrido?
Seguramente la respuesta está en los archivos que el Vaticano se ha
negado a mostrar.
Óscar Contardo
El abogado Roy Cohn era un experto en recolectar secretos ajenos. Parte
de su ascenso al poder consistió en saber administrarlos para complacer
al senador Joseph McCarthy, el hombre que transformó su apellido en
sinónimo de persecución política durante la década del 50 en Estados
Unidos, y del que Cohn llegó a ser mano derecha. El principal objetivo
de McCarthy eran los comunistas, o más bien cualquiera que fuese
sospechoso de tener ideas de izquierda dentro del gobierno
norteamericano. Pero los comunistas no eran la única amenaza. También lo
eran las personas homosexuales, considerados por la cultura de la época
como traidores potenciales, criaturas inmorales, fácilmente
chantajeables por el enemigo. Hubo razzias y hasta una ley que prohibía
que personas gay ocuparan puestos en el servicio público. Detrás de todo
eso estuvieron McCarthy y Roy Cohn, quien a la vez que homofóbico era
homosexual. Públicamente Cohn era una cosa, privadamente era otra. La
hostilidad contra los gays le libraba de sospechas. Cohn vivía en un
clóset blindado por el poder que fue acumulando en su vida de abogado de
políticos y millonarios -fue el mentor de Donald Trump-, un poder
alimentado de secretos.
El sociólogo francés Frédéric Martel acaba de lanzar en Europa y Estados Unidos Sodoma,
un libro sobre los sacerdotes homosexuales que según, describe Martel,
dominarían la curia romana. Es decir, la cabeza de una institución que
prohíbe y penaliza las relaciones entre personas del mismo sexo y
considera a las organizaciones de diversidad sexual como enemigas de la
fe, estaría dominada por hombres homosexuales desde el pontificado de
Juan Pablo II. Según el propio autor, el libro no aborda el tema de los
abusos, sino ese sitio fronterizo construido de hipocresía que sitúa la
sexualidad en el ámbito de lo innombrable, va acorralando vidas y
transformando los secretos en monedas de cambio para mantenerse vigente y
gozar los privilegios de una organización de alcances mundiales. En ese
ámbito los crímenes ajenos y las transgresiones propias son secretos
que se negocian. Un mercado del sigilo en el que todos se saben algo,
porque todos ocultan algo.
Martel expone el imperio del clóset como un elemento central en una
organización acorralada por su propio pasado y por una jerarquía interna
que parece colapsada por las denuncias de abuso a niños, niñas,
adolescentes y adultos.
Hace pocas semanas el Papa Francisco debió reconocer los casos de monjas
violadas por sacerdotes y obligadas a abortar, un patrón que se repite
en distintos continentes. Paralelamente en Chile se difundía la primera
acusación de una mujer en contra de Renato Poblete, un símbolo de la
beneficencia religiosa local. Una cara pública amable, una vida
clandestina amarga, otro tipo de clóset. Todo indica que las denuncias
de mujeres, religiosas y laicas irá en aumento en la medida en que se
sientan acogidas por sus comunidades. Frente a la presión, el Papa
Francisco respondió con una cumbre contra la pederastia, que parece más
un recurso comunicacional que el inicio de cambios concretos.
¿Cuándo empezaron los abusos? ¿Cuántas generaciones los han sufrido?
Seguramente la respuesta está en los archivos que el Vaticano se ha
negado a mostrar.
odoma, el libro de Frédéric Martel, devela una de las caras de
un fenómeno complejo, un nudo formado por muchas cuerdas, de hebras que
se enredan y tensan, tomando a veces la apariencia de una red de pesca,
otras una soga de salvataje y en ocasiones un lazo que pende de una
horca. La fe, el miedo, el poder y el sexo parecen ser el material de
las fibras que tejen las cuerdas que forman el nudo.
En la premiada serie Ángeles en América hay una escena que
resume esa figura oscura, contradictoria y contra-intuitiva. La escena
transcurre a comienzos de la década de los 80 y recrea un diálogo entre
Roy Cohn y su médico. Cohn, encarnado por Al Pacino, está enfermo. Sus
tiempos de gloria han pasado, pero conserva una posición relevante en la
sociedad. Luego de examinarlo el doctor le detalla que los síntomas que
tiene corresponden a un extraño síndrome identificado hace muy poco,
que suele afectar a personas drogadictas y hombres homosexuales: "¿Qué
es lo que está sugiriendo?", le pregunta bruscamente Cohn a su médico,
luego de escuchar la palabra "homosexual". Antes de que el médico
responda lo que parece ser evidente, el orgulloso abogado lo obliga a
guardar silencio y le aclara en tono perentorio que los homosexuales son
criaturas muy diferentes a él, que son personas sin poder ni
influencia, seres insignificantes. "¿Te parece que yo soy así?", ironiza
Cohn, que logra silenciar al especialista con su tono altanero. Era un
último arrebato, un último gesto de poder lanzado desde el clóset, antes
de enfrentar lo inevitable.
Reportajes de La Tercera, Santiago de Chile, 24 de febrero de 2019, pag. 3.
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