Tras las huellas de Malala
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
Tras las huellas de Malala
A 10 años de que Malala Yousafzai comenzara a escribir el blog que
finalmente desató la furia de los talibanes en Pakistán y a poco más de
cuatro de que obtuviera el Premio Nobel de la Paz, con solo 17 años, su
figura e influencia están presentes en Pakistán. "Malala nos ayuda a
tener confianza en el futuro y la educación", señala un estudiante
paquistaní en Karachi.
Mariana Díaz Vásquez, Karachi/Pakistán
Niñas asisten a un colegio mixto en Karachi, Pakistán.En Pakistán es pleno invierno, pero las temperaturas no bajan de los 20
grados. Son las 6 de la mañana y Karachi, al sur del país, se despierta
envuelta en neblina y la vida en las calles parece no haberse detenido
durante la noche. En lo que podría ser una plaza con áreas verdes, pero
que no es más que un peladero polvoriento, un grupo de niños juega
críquet. No tienen más de 10 años, como bate usan una botella plástica y
como pelota un montón de harapos sucios. No hay adultos cuidándolos ni
alentando el juego.
Karachi, conocida como la capital cultural del país, es una ciudad
ruidosa y como cualquier metrópolis, caótica. En la calle, el ruido de
las motos y de las bocinas de los autos a ratos es ensordecedor. En
Pakistán viven 220 millones de habitantes, lo que la convierte en la
quinta nación más poblada del mundo, cuyo primer ministro, Imran Khan,
es un exjugador de la selección nacional de críquet y fundador del
partido de centro derecha "Movimiento por la Justicia de Pakistán".
Pero, ¿qué ha cambiado en el país después de que la activista Malala
Yousafzai recibiera en el 2014, con solo 17 años, el Premio Nobel de la
Paz, por su férrea lucha en favor del derecho a la educación de las
mujeres? Malala, cuyo nombre en pastún significa tristeza o melancolía,
es mundialmente reconocida por su defensa de los derechos de las
mujeres.
Malala Yousafzai ahora estudia en la universidad de Oxford, Inglaterra,
pero cuando era adolescente vivía en un pueblo del Valle del Swat, en el
norte de Pakistán, donde asistir al colegio no le era fácil. Entre el
2007 y el 2009 la zona estaba bajo el control de los talibanes, quienes
cerraron escuelas y prohibieron la educación a las niñas. Malala comenzó
a escribir un blog para la BBC, hace exactamente 10 años, contando la
represión y violencia que sufría a diario. Su denuncia le valió que en
2012 le dispararan en la cabeza mientras se dirigía a su colegio.
Estaba sentada al fondo del furgón escolar cuando un hombre lo abordó y
preguntó: ¿Quién es Malala? - Yo soy Malala - respondió la chica, antes
de que su vista se fuera a negro y un estruendo fuera lo último que
escuchara. El atentado fue reivindicado por un grupo cercano a los
talibanes. Malala sobrevivió al ataque y emprendió su lucha en favor de
la educación.
El recorrido tras las huellas de Malala comienza en una de las escuelas
de The Citizen Foundation (TCF) -una organización sin fines de lucro que
maneja más de 1.400 colegios de bajo costo en Pakistán- ubicada en el
suburbio de Qayyumabad, en la periferia de Karachi. Faiza Imtiaz,
profesora de urdu, la lengua oficial en Pakistán, asegura que "este es
un lugar para estudiantes de escasos recursos. Es una escuela mixta y la
relación entre niños y niñas es muy buena".
La estructura de esta escuela no es muy distinta a la de cualquier otra
en Chile. Tiene tres pisos, un patio, salas de computación y de las
paredes beige cuelgan fotos y trabajos manuales realizados por los
estudiantes que dan cuenta de una infancia serena. Es un ambiente
seguro, que nada tiene que ver con la cancha polvorienta donde otros
niños, con menos suerte, jugaban críquet. Pero así es Pakistán, un país
de contrastes.
El ejemplo de Malala
"Creo que Malala transmite una imagen positiva de nuestro país", cuenta
la maestra antes de ser interrumpida por Payyaba Shah, una estudiante de
secundaria que se conmueve cuando habla de Malala: "Creo que su ejemplo
sirve para que otras niñas puedan sentirse seguras de si mismas. Malala
se presenta como una soldado y nos ayuda a tener confianza en el futuro
y en la educación".
Reunidos en una de las salas de clases de esta escuela, se puede
escuchar afuera a los niños que juegan, gritan y corren durante el
cuarto de hora que dura el recreo. Payyaba mira con curiosidad, quiere
contar todo lo que pasa en su país, pero a ratos el inglés se confunde.
Pero no importa si habla en inglés o en urdu, es enfática cuando asegura
que en Pakistán el principal desafío para las mujeres es "el mundo del
trabajo. Es un ámbito donde prevalecen los hombres. Para nosotras todo
es cuesta arriba. Malala eso lo ha entendido muy bien y se dirige a las
mujeres que quieren ser independientes. Yo quiero ser ingeniera en
software, aunque sé que no será fácil".
Al moverse por Karachi, una de las primeras cosas que saltan a la vista
son las pocas mujeres que se ven en la calle. En la escuela de
Qayyumabad cuentan que no siempre es seguro salir solas o asistir al
colegio, ya que en Karachi el sistema de transporte público no es
eficiente y eso expone a las mujeres a ser acosadas o incluso agredidas.
Por otro lado, en contextos rurales, el problema radica en aspectos
culturales y en las grandes distancias que deben caminar.
Nabila Mustafa, coordinadora de la red de escuelas TCF explica que
"nuestras maestras son solo mujeres, eso hace que los padres se sientan
seguros de enviar a sus hijos al colegio. Estamos en un contexto muy
conservador. Muchas personas no quieren que sus hijas salgan de la casa.
Estas familias necesitan que les garanticemos que en nuestras escuelas
sus hijos no corren ningún riesgo".
En el país existe una gran brecha entre las urbes como Karachi o
Islamabad y las periferias. En algunas zonas la educación sigue siendo
un privilegio de los hombres. Es por eso que las directoras de las
escuelas permiten el acceso de los niños solo si la familia se
compromete a enviar a clases también a sus hijas mujeres. "Quizás no es
éticamente correcto -cuenta Nabila- pero es necesario".
Los derechos de la mujer
Caminando por Karachi el ojo occidental, contaminado de estereotipos, no
deja de sorprenderse cuando ve a mujeres vistiendo hijab. Lo cierto es
que en Pakistán no hay una ley que prohiba o promueva el uso de un
cierto tipo de vestimenta. También en este caso depende del contexto y
de la religión. Eso si, antes de llegar recomiendan a las occidentales
no usar shorts, faldas, poleras cortas ni medias, algo usual cuando se
viaja a países como éste, donde el islam es la religión de Estado y es
profesada por más del 95% de la población. Le siguen el hinduismo y
cristianismo.
En la conferencia Global Women Media, en Karachi, organizada por
Pakistan Media Development Foundation, participa Tanzeela Mazhar,
periodista y conductora de televisión nacional paquistaní, quien fue una
de las primeras mujeres que denunció el acoso sexual que había sufrido,
dando origen a la ola del en el país.
La conductora cuenta que en 2009 fue agredida por Agha Masood Shorish, uno de los directores del canal de televisión estatal: "Después de lo ocurrido volví a su oficina, le dije que me había ofendido, pero él no parecía avergonzado. En ese momento no habían leyes que me protegieran, quería contar mi verdad y necesitaba pruebas, por eso grabé toda nuestra conversación".
Desde ese momento Tanzeela no volvió a tener un programa propio dentro
del canal y dejaron de asignarle reportajes: "Me seguían pagando, pero
no me daban nada que hacer. Mi jefe quería echarme, ya que no trabajaba,
pero por otro lado no se me asignaban casos. Era muy frustrante".
En 2010 el Parlamento paquistaní elaboró una serie de enmiendas para
tratar el acoso sexual en el trabajo. Una de las principales medidas fue
obligar a las empresas a crear un comité de investigación interno al
recibir denuncias, pero para Tanzeela la situación ha cambiado poco: "El
comité tenía 90 días para entregar resultados y aún estoy esperando. Ya
no tengo trabajo. Lamentablemente me gané la fama de una persona que
crea problemas", señala.
Tanzeela recuerda que en Pakistán hay "muchas mujeres en las altas
esferas políticas. Nuestra Constitución nos otorga derechos y en los
últimos años hemos tenido avances en materia legislativa, pero todo eso
queda sobre el papel cuando vemos que muchas niñas siguen sin ir al
colegio y sin oportunidades. Desde pequeñas nos han enseñado que las
mujeres se quedan en casa. Necesitamos más guerreras", dice Tanzeela.
Además de Malala, una de las mujeres destacadas en la historia reciente
de Pakistán fue Benazir Bhutto, quien en 1988, con solo 35 años, se
convirtió en la primera mujer al mando de un país musulmán. Su lucha por
la igualdad de género también la significó un disparo en la cabeza. En
2007 fue asesinada durante una manifestación pacífica. Aún no se conoce
al autor del atentado. Algunas fuentes indican a los extremistas
islámicos y otras a los servicios secretos paquistaníes.
Mujeres como Benazir y Malala están empoderando a las paquistaníes, pero
según datos de la UNESCO, solo el 45% de las mujeres sabe leer. En las
grandes ciudades y para la clase alta del país hay más oportunidades, pero para los niños de las clases más vulnerables la única sala de clases que conocen sigue siendo una cancha polvorienta, en medio de la nada.
La Tercera, Santiago de Chile, 24 de febrero de 2019, sección Mundo, pag. 21-22.
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
Comentarios
Publicar un comentario