Salud y economía: no al neoliberalismo; sí al bienestar y solidaridad
Salud y economía: no al neoliberalismo; sí al bienestar y solidaridad
Es esa ideología sanitaria neoliberal (plasmada en múltiples mecanismos
nacionales, regionales y locales) la que posibilita las crecientes
ganancias de las isapres, de los proveedores privados controlados por
transnacionales de la medicina comercializada, la transferencia de
recursos desde el Estado hacia isapres y proveedores privados, una
infraestructura desfasada con las necesidades, un personal de salud
insosteniblemente exhausto (además de mal remunerado) y calidad de la
atención criticada por los usuarios, entre otros numerosos efectos. Es
esa ideología neoliberal la que ve a los recursos dedicados a la salud y
el bienestar como 'gasto' y no como la acción positiva de la sociedad
que, tras deliberar, decide democráticamente qué hacer para mejorar la
vida de todas las personas y no solamente de aquellas que pueden pagar.
En nuestro concepto, eso no es 'gasto' sino que 'inversión'.
Guadalupe Muñoz* / Álvaro Barrera*
La identificación del carácter político de la salud es un aspecto
central del proceso iniciado con la revuelta del 18 de octubre,
sintetizado de manera notable por el eslogan "No era depresión, era
neoliberalismo". Dicha revuelta abrió y legitimó de manera audaz
espacios de reflexión y de demanda ciudadana que hasta ese momento
parecían impensables o, inclusive, eran tildados de ilusorios o
irracionales: nueva Constitución, paridad, género, dignidad como parte
de la vida cotidiana, multiculturalidad, por nombrar sólo algunas
temáticas, estaban más allá de lo pensable dentro del consenso político
existente desde el 1990. En ese contexto, continuar con la ideología
sanitaria neoliberal como el marco conceptual, metodológico, y
financiero dentro del cual se toman las decisiones relativas a la
protección y el cuidado de la salud, es una renuncia inaceptable y un
abandono de una de las demandas más sentidas de las y los chilenos. Es
justamente esa ideología sanitaria neoliberal (plasmada en múltiples
mecanismos nacionales, regionales y locales) la que posibilita las
crecientes ganancias de las isapres, de los proveedores privados
controlados por transnacionales de la medicina comercializada, la
transferencia de recursos desde el Estado hacia isapres y proveedores
privados, una infraestructura desfasada con las necesidades, un personal
de salud insosteniblemente exhausto (además de mal remunerado) y
calidad de la atención criticada por los usuarios, entre otros numerosos
efectos. Es esa ideología neoliberal la que ve a los recursos dedicados
a la salud y el bienestar como 'gasto' y no como la acción positiva de
la sociedad que, tras deliberar, decide democráticamente qué hacer para
mejorar la vida de todas las personas y no solamente de aquellas que
pueden pagar. En nuestro concepto, eso no es 'gasto' sino que 'inversión'.
La vida, su protección, su promoción, el buen vivir, el ambiente en que
habitamos, el bienestar, el cuidado y la rehabilitación de las personas
enfermas, están en el centro del quehacer político y económico de toda
sociedad, aunque esta centralidad no se quiera reconocer. El
derecho a la salud es un derecho sintético, por cuanto su ausencia
inhibe el ejercicio de otros derechos (derecho al trabajo,
participación, otros), y el no cumplimiento de los otros derechos afecta
el bienestar y la salud. Dicho de otra manera: la vida y la salud son
esencialmente políticas, y las acciones del Estado y los agentes
políticos y económicos las afectan, ya sea por acción o por omisión.
Creer que son un tema 'técnico' es un profundo error conceptual que ha
tenido y tiene enormes consecuencias en la vida de chilenas y chilenos.
Por ejemplo: ¿puede haber algo más político que la manera en que se ha
enfrentado la pandemia, con su secuela de muertes, daño económico,
social, educacional, y de violencia domestica? ¿O algo más político que
las decisiones 'técnicas' que han transformado a Chile en una larga y
angosta faja de las inadmisibles zonas de sacrificio? Entender
que la salud tiene determinantes sociales es un avance necesario. Sin
duda alguna es, por ejemplo, un avance importante considerar el efecto
que la precariedad laboral, la desigualdad de ingresos, el tipo de
transporte, o el diseño de las ciudades, tienen sobre el bienestar y la
salud de las personas, y dicho impacto debe por ende ser una dimensión
central de todas las políticas estatales, en áreas tan diversas como
educación, transporte, trabajo y urbanismo, entre otras. Sin embargo,
aunque necesario, dicho avance es insuficiente en nuestro país pues el
peculiarmente extremo y fundamentalista neoliberalismo chileno –de
manera radical, excluyente, y totalizante– ha hecho del lucro el
imperativo central del funcionamiento de la sociedad, haciéndolo esencia
constitucional inapelable, indeleble e inmodificable en la Constitución
de Pinochet, pero también normalizando y naturalizando dicha ideología
en la mente y la conducta de las y los habitantes del país, incluyendo
sus actores políticos. Dada la profundidad de dicha impronta neoliberal,
es absolutamente necesario oponer a la ideología neoliberal (que
estrecha al máximo las opciones vitales y existenciales de las más
amplias mayorías ciudadanas, y destruye ecosistemas explotando recursos
naturales como si estos fueran infinitos y renovables) una visión que
sitúa a la vida, su protección, su promoción, el buen vivir, el
bienestar, el cuidado y la rehabilitación de las personas enfermas, como
definitorias de la política económica, por cuanto es la
política económica en sí misma, y las opciones valóricas y políticas que
subyacen a las decisiones aparentemente 'técnicas', la que genera, a
través de sus decisiones, postergaciones, abdicaciones y omisiones, las
condicionantes sociales de la salud física y mental. En otras
palabras, proponemos situar la promoción y el cuidado de la salud de las
personas y su ambiente en el centro de las decisiones de la política
económica del país y no que las decisiones económicas se sigan tomando
sin considerar su impacto negativo en bienestar, en malestares e incluso
en mortalidad.
Vemos como esenciales las demandas de que la promoción y el cuidado de
la salud sean integrales, interculturales, inclusivas de las
diversidades de género, culturales, territorial y etarias, y en que la
participación y la vigilancia democrática de usuarios sea efectiva a
todo nivel. Sin embargo, nos preocupa que –de no mediar un cambio
sustancial en la manera en que 'el gasto en salud' y 'el presupuesto
público de salud' son conceptualizados, calculados, y distribuidos,
rompiendo con la ideología sanitaria neoliberal– todas las demandas
recién mencionadas de una promoción y un cuidado integral no serán más
que palabras vacías, inertes, estériles, poblando documentos
programáticos y declaraciones ministeriales. Es esencial poner los
recursos económicos en las áreas en las que se ha dicho que se actuará.
Cualquier otra opción será un abandono inexcusable de las demandas que
las chilenas y chilenos han realizado por décadas y en particular desde
el 18 de octubre.
Respecto del financiamiento de la salud, se podrían distinguir cinco modelos: 1) el modelo Beveridge
(Gran Bretaña), donde el Servicio Nacional de Salud es financiado con
impuestos generales de la nación y en la que el Estado es propietario,
que gestiona y administra toda la red de servicios con cobertura y
acceso universales, sin la obligación de pagar al momento de recibir la
atención; 2) el modelo Bismarck (Alemania), que utiliza un
sistema de seguros (fondos de enfermedad), generalmente financiados
conjuntamente por empleadores y empleados, con cobertura universal y sin
fines de lucro, y que admite seguros complementarios y medicina
privada; 3) El modelo de seguro único de salud (Canadá), que tiene elementos de los modelos de Beveridge y Bismarck,
que utiliza proveedores del sector privado (el pago proviene de un
programa de seguros administrado por el gobierno en el que todos los
ciudadanos contribuyen y, dado que no hay necesidad de marketing, no hay
motivos financieros para denegar cobertura y acceso para lucrar); 4)
el modelo Semashko (Cuba), en que una fracción del Producto
Interno Bruto (PIB) es asignada discrecionalmente a salud por la
autoridad política, con cobertura y acceso universales, sin la
obligación de pagar al momento de recibir la atención, altamente
centralizado; y 5) el modelo de pago directo de bolsillo, un
verdadero 'no-sistema' de salud, en que el acceso está basado en la
capacidad de pago y no en las necesidades de las personas.
En el debate sobre financiamiento de la salud, llama la atención que la
única opción que se examina en las propuestas del Colegio Médico con la
Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, de los programas de
Daniel Jadue y de Yasna Provoste, es la opción de seguro universal.
Inclusive en los anexos de la propuesta Colegio Médico/Escuela de Salud
Pública de la Universidad de Chile, solamente se describen transiciones
desde sistemas de multi-seguro a seguro único. La opción de
financiamiento a través de impuestos generales (el modelo británico) ni
siquiera se menciona. La omisión de otros modelos de financiamiento y la
presentación de 'el seguro' múltiple o único como las únicas
alternativas existentes son preocupantes. Una excepción notable a esta
tendencia es el documento del Centro de Sistemas Públicos (CPS), del
Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile, el
cual propone "un sistema de salud centrado en las personas y los
territorios que habitan, establemente profesionalizado, con tecnologías
apropiadas e importantes grados de autonomía respecto de la autoridad
política de turno" con "acceso universal y gratuito para toda la
población, financiado por impuestos generales".
El programa de la candidatura presidencial de Apruebo Dignidad
dice, en relación con el financiamiento de la salud curativa, bajo el título "Fonasa Universal": "Generaremos un Fondo Universal y un administrador
único de Salud, decretando la universalización de la cobertura de
Fonasa, quedando todas las personas del país afiliadas a dicha
institución. Esta recaudará y solidarizará las cotizaciones de las y los
trabajadores (7%), junto a los aportes del Estado"; y más abajo dice: "Incrementaremos la inversión fiscal en salud de manera progresiva hasta
llegar a parámetros OCDE, buscando reducir el gasto de bolsillo de las
personas y la importancia de las cotizaciones en el financiamiento".
Este párrafo tiene varias omisiones preocupantes. En primer lugar, no se
hace mención alguna de la posibilidad de financiamiento de la salud a
través de los ingresos de la nación (impuestos generales, utilidades de
empresas estatales, royalty específico,
etc.), que permitirían eliminar las omnipresentes 'cotizaciones' y el 'copago'. También es preocupante la ausencia de toda referencia al
aporte de los empleadores (elemento central del modelo Bismarck).
Estas dos omisiones, junto a lo afirmado en el texto, nos llevan a
considerar que hay un riesgo de que el financiamiento de la salud, y por
ende el funcionamiento de la salud pública, continúen dentro de los
parámetros generales de la ideología sanitaria neoliberal de los últimos
50 años. No queremos esto.
Un financiamiento adecuado deberá ir asociado a una transformación
radical del sistema público, creándose un Servicio Nacional de Salud
donde se asegure la calidad y la oportunidad de las prestaciones y los
programas, en los aspectos administrativos, técnicos, profesionales, de
trato y respeto, de infraestructura y equipamiento. Es lo que sin duda
han estado demandando las y los chilenos por décadas, y las y los
trabajadores de la salud estarán disponible para dicha transformación si
se les da el reconocimiento salarial y de carrera funcionaria que se
requieren. Será un gran desafío. Pero esa es exactamente la razón por la
cual la discusión sobre las motivaciones y las prioridades de la 'salud' (y 'el financiamiento de la salud') no es ni ha sido nunca 'técnica', para ser dada dentro de cuatro paredes entre expertos, sino
que debe ser una discusión crucialmente política en la que todas, todos y
todes, en la arena pública, participemos y decidamos.
*Del Comité de Salud, Plataforma Socialista
Publicado en diario electrónico El Desconcierto el 16 de octubre de 2021.
https://www.eldesconcierto.cl/opinion/2021/10/16/salud-y-economia-no-al-neoliberalismo-si-al-bienestar-y-solidaridad.html
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