La esperanza

La esperanza
Esperanza deviene el nombre de la interrupción de toda deuda –aquella prevista por las lógicas del capital- y, por tanto, de la abertura de un lugar que no ha tenido lugar, pero que se experimenta en el peor de los momentos, cuando todo parece perdido, cuando nada permite mostrar algo de luz en el camino.
 
Rodrigo Karmy*


La esperanza es un modo de habitar. No exige el cumplimiento de lo que espera sino solo un lugar para nuestros sueños. No pretende satisfacerse alcanzando un "fin" porque esperanza es un don que se nos ofrece para vivir. Esperanza deviene el nombre de la interrupción de toda deuda –aquella prevista por las lógicas del capital- y, por tanto, de la abertura de un lugar que no ha tenido lugar, pero que se experimenta en el peor de los momentos, cuando todo parece perdido, cuando nada permite mostrar algo de luz en el camino.
La esperanza no es una espera vacua a un "ideal" que nunca llega, sino la experiencia de habitar el mundo cuando éste parece haber sido enteramente clausurado. "Globalización" llaman al proyecto totalitario desplegado por todos los rincones de la tierra desde 1990 hasta la actualidad. En el mismo término, la noción de "mundo" ha sido sustituida por la de "globo": el lugar que permite habitar, devastado por la cerrazón de todo lugar por una superficie lisa e infinita, que caracteriza al devenir contemporáneo del capital. Un desierto, proliferación de muros y checkpoints por doquier, el "mundo" actual parece reducirse cada vez más al "globo".
Será en tiempos de "globo" –como la campaña presidencial de Macri en la Argentina de 2015- cuando los nuevos fascismos entran para consumar esa clausura frente a la posibilidad de las multitudes para abrir y volver a poblar mundos. No por casualidad George Floyd –el afroamericano de los EEUU ahogado por un policía el 25 de mayo del año 2020- exclamó agónico "no puedo respirar". En esa frase se juega toda una época. Ante todo, la implosión del "mundo" a favor del "globo", la reducción de toda abertura, de toda posibilidad de entrada de un nuevo aire. Precisamente, todo reside en la cuestión de la posibilidad: porque la posibilidad es nada más que una forma de existencia que habitual y diversamente la herencia mesiánica judía, cristiana y musulmana, nos enseñó a designar bajo el término “esperanza”. “Esperanza” es, por tanto, la exigencia ética de habitar una posibilidad, de poblar un mundo. Todo "mundo" no es otra cosa que el lugar de la posibilidad. Vivir un mundo es "airearse", asumir una existencia que no es más que pura posibilidad.
Cuando el policía corta el respiro de Floyd y le asesina, le priva de mundo, del aire –ese elemento en común en el que todos los vivientes participamos. Por eso la "esperanza" no consiste en una espera vacía, sino un arrojo a habitar el mundo que nos había sido despoblado, en restituir nuestro lazo afectivo con otros y aferrarse apasionadamente a él. Un don que corta el circuito de toda deuda: vivir apasionado por la existencia es precisamente lo que caracteriza a quien experimenta la esperanza. Justamente alguien que, a pesar de la oscuridad de los tiempos, resguarda ese resto de mundo –ese don absoluto- que aún no ha sido destruido y que no es más que la pura posibilidad. De otra forma: la "pura posibilidad" del mundo salvado por la esperanza es el porvenir, lugar en que la imaginación transformadora puede advenir siempre intempestiva. He ahí el peligro contra el cual se movilizan todas las fuerzas "globales". El peligro de la esperanza.
 
*Doctor en Filosofía. Académico de la Universidad de Chile.
 
Publicado en La Voz de los que Sobran el 28 de noviembre de 2021.
https://lavozdelosquesobran.cl/la-esperanza/

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