Opinión: Sebastián Piñera, un presidente sin quilla (y recuerdos de un diálogo con Jaime Guzmán)
Opinión: Sebastián Piñera, un presidente sin quilla (y recuerdos de un diálogo con Jaime Guzmán)
Al Presidente le pasó la cuenta su pragmatismo, su falta de visión,
su cosismo. Piñera es, en mi opinión una muy buena persona, pero un
individualista empedernido que solo hace lo que le conviene a él. No es
capaz de tener un proyecto colectivo que lo apoye y sustente cuando las
cosas se ponen feas.
Jorge Schaulsohn
La promesa que no se cumplió: El jueves recién
pasado se cumplió el tercer aniversario año de gobierno del presidente
Piñera, pero a ratos pereciera el sexto de Michele Bachelet. Llegó al
poder con un discurso agresivo y rupturista prometiendo reemplazar "democráticamente a un muy mal gobierno" al que acusaba estancar la
economía, destruir la inversión y debilitar las instituciones.
Prometió recuperar el empleo y el crecimiento, derrotar la
delincuencia y poner orden en la Araucanía lo que sintetizó en su slogan
de campaña "Construyamos Tiempos Mejores". Su mensaje sintonizó bien
con el estado de ánimo de la población porque la verdad sea dicha
Bachelet terminó su gobierno en el suelo.
Presentó un documento de 142 páginas en cuatro capítulos y 745 medidas
con las cuales, según declaró, su gobierno se haría cargo del "malestar
social", por lo que resulta extraño que el estallido social que lo mató
lo haya pillado totalmente desprevenido.
Atosigó con anuncios de diferentes programas; "guerra sin cuartel"
contra el despilfarro, Clase Media protegida para defenderla ante las
principales problemáticas sociales, la "intermediación Laboral" en caso
de desempleo para "facilitar la rápida reincorporación al mercado
laboral y potencial la empleabilidad", una Reforma de Pensiones para
mejorar el pilar solidario, sin que se le pasará por la cabeza tocar ni
con el pétalo de una rosa a las AFP.
Ni proyecto ni relato épico: El presidente Piñera hizo lo que
sabe hacer, poner sobre la mesas un conjunto de ofertones concretos
para revertir la decadencia económica que la mayoría de la población
sentía como la herencia del gobierno de la Nueva Mayoría y que lo llevó a
obtener un contundente triunfo en la segunda vuelta, frente a un pésimo
candidato como Alejandro Guiller.
Pero nunca fue capaz de plantear un proyecto político coherente,
unificador, que lo trascendiera a él mismo, que le diera sentido a su
gobierno más allá de las cifras y promesas, basado en las ideas de la
centro derecha y que le permitiera resistir si las cosas no funcionaban
como él esperaba.
Y eso fue justamente lo que pasó.
Cuando la economía no repuntó como se esperaba, cuando el "efecto
Piñera" -en contraste con la "pesadilla" de Bachelet, del que se hablaba
por esos días- no fue suficiente para recuperar el empleo ni el
crecimiento se vino la decepción.
Piñera había establecido una relación puramente transaccional (como lo
hace en todo) con los ciudadanos. Como la de un banquero al que tratamos
con respeto mientras nos tramita el préstamo y odiamos ipso facto
cuando nos lo niega.
El pragmatismo pasa la cuenta: El estallido social encontró al
presidente Piñera muy debilitado, mal en las encuestas y con una
coalición sin sentido de propósito, poco fraterna, envuelta en luchas de
poder, sin un relato épico ni mística que le permitiera conservar el
apoyo de la ciudadanía cuando sus promesas no se materializaban.
Todo lo contrario de lo que sucedía en la izquierda, cuya relación con
las masas jamás es transaccional y fue energizada por las
manifestaciones, embriagada por haber encontrado en la calle lo que no
había sido capaz de conquistar en las urnas.
En esos momentos angustiosos al Presidente le pasó la cuenta su
pragmatismo, su falta de visión, su cosismo. Piñera es, en mi opinión
una muy buena persona, pero un individualista empedernido que solo hace
lo que le conviene a él. No es capaz de tener un proyecto colectivo que
lo apoye y sustente cuando las cosas se ponen feas.
Recuerdo haber participado en una marcha hacia el final de la UP cuando
el país estaba sumido en una espantosa crisis y el gobierno tenía los
días contados y ver que la gente marchaba con letreros que decían "este
gobierno es una mierda pero es nuestro gobierno". Al presidente Piñera
jamás le pasará eso.
Un recuerdo de Jaime Guzmán: Eso explica la inepcia total con que
el presidente enfrentó el estallido; fue incapaz de comunicarse con la
ciudadanía confundida, de construir un mensaje coherente, de
contextualizar en términos políticos lo que estaba ocurriendo.
Ante el colapso del cosismo no tuvo nada que ofrecer salvo más cosas
que, como era lógico, siempre serían insuficientes y al final se rindió
para sobrevivir.
Escribiendo esta columna se me viene a la memoria una conversación que
tuve en el comedor del Senado con Jaime Guzmán, con quien a pesar de
nuestras grandes diferencias trabé una suerte de relación personal, si
bien no de amistad.
Hablando de Piñera me dijo que no le gustaba porque no tenía "Quilla"
(la pieza más importante de la estructura de un barco). Guzmán me
explicó que un político al igual que un barco anclado en la bahía puede
moverse de un lado para otro y darse muchas vueltas con las mareas;
siempre y cuando tenga una buena "quilla", lo que para él equivalía a un
proyecto político colectivo definido que guiara todas sus acciones.
Publicado en Ex-Ante el 13 de marzo de 2021.
https://www.ex-ante.cl/https-www-ex-ante-cl-opinion-sebastian-pinera-un-presidente-sin-quilla-y-el-diagnostico-premonitorio-de-jaime-guzman/
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