El mayo de 1968, los hippies y las aberraciones
El mayo de 1968, los hippies y las aberraciones
Rodrigo Larraín*
CONTEXTO | Pexels
Probablemente los acontecimientos de mayo de 1968 hayan tenido mayor
repercusión internacional porque los protagonistas eran los estudiantes
universitarios. Fue como el epítome. Pero fue todo ese año e incluso un
poco antes y un poco después en que el mundo cambió. Por ello es
epítome; el resumen de una obra mucho más extensa. En el 68 fue la
juventud la protagonista en casi todo el mundo, con la excepción de la
URSS, China y algunos que otro país más.
En Estados Unidos poco antes aparecieron los hippies, y ya los beatniks
se habían asentado en el medio artístico. Entre la Revolución de las
Flores y el Prohibido Prohibir, entre Big Sur y Woodstock, entre Vietnam
y las revueltas universitarias se aceptó que esta era -también- una
revolución sexual. La aparición de nuevas izquierdas y derechas, las
transformaciones tecnológicas aceleradas y especialmente las
transformaciones audiovisuales, mostraron un mundo en cambio.
Las revueltas de mayo en París, que eran espontáneas, se terminaron por
la vía institucional. Se convocó a un plebiscito que ganó el presidente
de Gaulle. Muchos en esos tiempos consideraron que se estaba ante una
revolución, que la juventud ahora había tomado conciencia, la juventud
estudiantil ya no quería clases, ahora las daba en la acción callejera.
Sin duda se había inaugurado una nueva cultura, una que era anti
burguesa, pero que no era proletaria. No era de ninguna otra clase, era
la misa burguesía con otra conciencia, con otros valores, críticos del
orden anterior, con un lenguaje y un relato revolucionario, aunque sin
proyecto para transformar radicalmente nada. Dicho elegantemente:
Primero hay que cambiar al hombre para después cambiar el mundo.
¿Y cuál es el sujeto activo del proyecto revolucionario lingüístico?
No quedó claro, pueden ser los intelectuales comprometidos, los
estudiantes, cualquiera con conciencia, etcétera, además sin orgánica,
no era necesaria porque el sujeto del cambio era el sujeto mismo, así
que predomina "el cada uno para su santo", y cada uno se las arregla
para cambiarse y emanciparse. Basta sólo una actitud crítica. No una
adhesión meditada a una teoría, como el marxismo, el neoliberalismo o un
conservadurismo católico, entre otras teorías posibles.
El objetivo de mi cambio queda reducido a mis propios deseos y a una
simple oposición a todo lo antiguo, denominado conservador y
reaccionario. Un cuestionamiento fácil es profundizar el cuestionamiento
hippie a la familia. Entonces la familia fue criticada por su
naturaleza opresora, opresora sobre todo con las mujeres y los niños, al
servicio del capitalismo, alienador e inauténtico (así se decía en mi
juventud). Entonces, una estructura tan despreciable no nos puede
obligar y menos oprimir (subordinarnos) con sus tabúes. Todas sus normas
deben ser violadas.
Es lo que hizo Olivier Duhamel. Acusado por su hijastra de haber abusado
sexualmente de su hijastro. Ella, Camille Kouchner, lo acusa en el
libro "La familia grande", de abusar de su hermano en la niñez durante
dos años. Los protagonistas son todos de esa burguesía intelectual
francesa tan bien descrita por el sociólogo Pierre Bourdieu. El
abusador, un reputado académico de ciencias políticas, el padre
biológico un exministro y hoy del staff de Médicos sin Fronteras, la
denunciante del abuso incestuoso es también una activista y académica.
La madre, Évelyne Pisier, es una politóloga feminista, alguna vez polola
de Fidel Castro, y que apoya a su marido. No es una noticia de crónica
roja de país tercermundista, es la expresión de una cultura
individualista del abuso a los débiles que se estableció como búsqueda
de la emancipación personal, amputada de todas las dimensiones sociales,
y también de un mínimo de moralidad colectiva, pues era la
superestructura que oprimía. Parafraseando a Marx, cuando se olvidaron
de la base económica, fundamento de la realidad, la superestructura se
volvió loca.
Es lo que hizo Olivier Duhamel. Acusado por su hijastra de haber abusado
sexualmente de su hijastro. Ella, Camille Kouchner, lo acusa en el
libro “La familia grande”, de abusar de su hermano en la niñez durante
dos años. Los protagonistas son todos de esa burguesía intelectual
francesa tan bien descrita por el sociólogo Pierre Bourdieu. El
abusador, un reputado académico de ciencias políticas, el padre
biológico un exministro y hoy del staff de Médicos sin Fronteras, la
denunciante del abuso incestuoso es también una activista y académica.
La madre,Évelyne Pisier, es una politóloga feminista, alguna vez polola
de Fidel Castro, y que apoya a su marido. No es una noticia de crónica
roja de país tercermundista, es la expresión de una cultura
individualista del abuso a los débiles que se estableció como búsqueda
de la emancipación personal, amputada de todas las dimensiones sociales,
y también de un mínimo de moralidad colectiva, pues era la
superestructura que oprimía. Parafraseando a Marx, cuando se olvidaron
de la base económica, fundamento de la realidad, la superestructura se
volvió loca.
Así como el eslogan "sexo, drogas y rock" presidió una cultura, y en
otro lugar se exaltaba el Prohibido Prohibir, nadie entendió que esto
era un permiso para el relativismo ético absoluto. Pero los delincuentes
tienen defensores, los justifican con que el consentimiento sexual lo
puede dar un menor de edad, que la cultura mediterránea es incestuosa y
que ambos son resultado de la cultura de los sesenta, es decir, la culpa
es de los hippies y de los estudiantes protestatarios. ¿Nos podría
afectar a los chilenos? No sabemos, pero los chilenos somos copiones.
*Sociólogo y académico UCEN
Publicado en Bío Bío Chile el 15 de abril de 2021.
https://www.biobiochile.cl/noticias/opinion/tu-voz/2021/04/15/el-mayo-de-1968-los-hippies-y-las-aberraciones.shtml
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