Lo ético y lo estético
Lo ético y lo estético
Enrique López
Es de sobra conocida la relación que Ludwig Wittgenstein estableció
entre ética y estética, si bien el filósofo no podía ni imaginar el uso
que en la actualidad se hace de tales conceptos. La ética tiene como
objeto de estudio la moral y la acción humana, mientras que la estética
es la rama de la filosofía que tiene por objeto el estudio de la esencia
y la percepción de la belleza como aproximación al arte. Lo ético y
estético están de muchas formas relacionados en el quehacer diario de
las personas, pero el problema surge cuando en su última definición de
lo que es ético y estético, surge la hipocresía, la doble vara de medir
y, sobre todo, manipulación mediática. Si este cóctel se adereza con la
ideológica, surge un juicio popular que distingue a las personas y las
clasifica, de tal modo que el buen actuar de unos se ve pésimo en otros,
y todo ello desde una pretendida superioridad moral ideológica. Así por
ejemplo lo que para unos es plagiar para otros es enriquecer una obra
previa, lo que para unos es estar próximos a una determinada ideología
política para otros es un ejercicio de pragmatismo social y proximidad a
la realidad social, lo que para unos es un error garrafal para otros es
una pequeña falta excusable, lo que para unos es una broma para otros
es un chiste machista, etc. Resulta asfixiante esta asimetría valorativa
conductual contra la cual es muy difícil defenderse y superar. Hace
poco escribí un artículo sobre la famosa frase de la mujer del César, la
cual debe parecer además de ser, en el que adelantaba que la cuestión
estriba en que «parecerlo» es tan subjetivo y maleable que hace que lo
leve pasa por ser lo más grave, y viceversa, de tal suerte que el
parecer popular sea una suerte de canon estético que se decide en
lugares del poder real, que hoy por hoy es el que incide en la
conformación de la opinión pública. En la antigua Roma ya el rumor y la
mentira conducían a la turba contra los cristianos acusándolos del
incendio de la ciudad, y en la Rusia zarista el asesinato de Alejandro
II dio lugar a una dura represión contra los judíos al atribuirles la
responsabilidad del magnicidio. Resulta increíble lo fácil que es
deshonrar a alguien hoy en día, y lo difícil que es defenderse de los
infundios y mendacidades. Cuando para zaherir a alguien es necesario
acudir a la estética, pocos argumentos se tienen. Miente, que algo
queda, la vieja máxima de Goebbels es el mejor retrato que existe del
infundio, que a menudo se conforma con sembrar la duda sobre el difamado
e ir socavando poco a poco su prestigio personal. En España utilizamos
la expresión «cuando el río suena es porque agua lleva», muy usada por
los difamadores para otorgar una falsa veracidad al infundio apelando a
su mera existencia, aunque sean ellos mismos los que lo han creado.
Todos cometemos errores, mas con desigual suerte en sus consecuencias,
las cuales están determinadas por lo que parece frente a lo que es.
Publicado en La Razón el 02 de junio de 2017.
https://www.larazon.es/opinion/columnistas/lo-etico-y-lo-estetico-AP15299180/
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