Educar ciudadanía en Chile, una serie de pasos en falso
Opinión
Educar ciudadanía en Chile, una serie de pasos en falso
Carolina Carreño*
Ser ciudadano representa mucho más que simplemente formar
parte de una sociedad y exigir. La educación cívica es necesaria para
desenvolverse en escenarios sociales y desarrollar habilidades y
destrezas, individuales y colectivas. Pero, en especial, es relevante
para educar seres en comunidad con sus múltiples diferencias, edades y
orígenes.
Ahora bien, formación ciudadana y educación cívica son
primas hermanas. La Educación Cívica se conceptualiza como la
adquisición de conocimientos para la comprensión del funcionamiento del
Estado y el Sistema Político. Mientras que la Formación Ciudadana se
define como la adquisición de competencias para el ejercicio de la
ciudadanía. Por ende, es un saber (conocimientos) versus saber hacer
(competencias).
Los orígenes de la educación cívica se remontan a la
antigua Grecia. Isócrates consideró que, para restaurar la grandeza
ateniense, se debía recurrir a la cultura y por ende a la educación.
Promovió el intercambio de ideas mediante la discusión, ya que descubrió
que era un método efectivo para educar al pueblo y a las élites. Más
adelante, en la época moderna, John Milton, en su famoso escrito Areopagítica
(1644), reivindicó la libertad de pensamiento y la libertad de
expresión. Para Milton, la libertad de palabra no podía ser objeto de
censura; era un agravio no solo contra los hombres, sino especialmente
contra el Padre Eterno.
El siglo XX fue para Chile el período en el que se
incorporó la educación cívica como asignatura, con el objetivo de
reforzar los valores patrios y nacionales, poniendo especial énfasis en
los símbolos y la historia del país. A mediados de siglo, se decide su
incorporación a la asignatura de Ciencias Sociales, en el marco de la
Reforma de la Enseñanza Media, dejando de ser un ramo independiente. Lo
anterior será reformado nuevamente en la década de los ochenta y el ramo
adquiere mayor relevancia, siendo reincorporado en la malla de
Enseñanza Media.
Con todo, a finales de siglo, una nueva reforma
curricular volvería a hacer desaparecer la "educación cívica" como
asignatura independiente, incorporando el concepto de "formación
ciudadana" a lo largo de todo el currículum escolar. El objetivo de este
nuevo concepto era ampliar el concepto de "educación cívica",
pretendiendo no sólo dar conocimientos, sino también habilidades de
manejo de la información, de pensamiento y actitudes concordantes con un
régimen democrático, tales como pluralismo, respeto por el otro y
valoración de los derechos humanos.
Pero los efectos no fueron los esperados: durante los
años 1999 y 2000, Chile participó en un Estudio Internacional de
Educación Cívica conducido por la IEA (Asociación Internacional para la
Evaluación de Logros Educacionales). Los puntajes obtenidos por los
estudiantes chilenos, tanto en las escalas de contenidos y habilidades
como en la escala cognitiva total, los situaron bajo el promedio
internacional, sin diferencias significativas con Rumania, Letonia y
Colombia. En respuesta, el Ministerio de Educación creó una Comisión
Nacional de Formación Ciudadana, la que constató que existían problemas
de apropiación de la asignatura "formación ciudadana" por parte de un
número significativo de profesores, al no estar considerada en ningún
ramo específico.
Con esos antecedentes, la Comisión propuso que se
incorporara en 4º Año Medio, como parte de la asignatura de Historia y
Ciencias Sociales, aprendizajes sobre formación ciudadana, centrada en
conocimiento del régimen político democrático, sus instituciones,
procedimientos y principios. Con todo, el año 2012 el Ministerio de
Educación determinó que los estándares orientadores para la formación de
profesores de Historia, Geografía y Ciencias Sociales, debían
considerar el "desarrollo de estrategias didácticas que promuevan los
aprendizajes, valores y conductas ciudadanas, conducentes a hacer de sus
estudiantes sujetos activos y responsables ante el desafío de la
convivencia democrática y el desarrollo sustentable".
Lo anterior, se vio reforzado con la creación del Plan de
Formación Ciudadana para los Establecimientos Educacionales reconocidos
por el Estado (Ley N° 29.911). La normativa estableció que era deber
del Ministerio de Educación impulsar la creación de la asignatura "formación ciudadana" en los niveles 3° y 4° de Educación Media, junto
con imponer a todos los establecimientos educacionales reconocidos por
el Estado el deber de contar con su propio Plan de Formación Ciudadana.
Si bien vivimos una época de una bullante participación
democrática motivada por el proceso constituyente –que arrojó un
histórico porcentaje de votaciones–, ello se ve empañado por los
alarmantes números de víctimas afectadas por violencia física y sexual
por parte de la fuerza pública. Lo anterior ha llevado a repensar la
relevancia de la "educación cívica" y la "formación ciudadana", para dar
paso a un concepto más integral, conocido como "Educación en Derechos
Humanos" (EDH). Dicha noción se refiere a un proceso educacional que
cualquier persona puede emprender, a cualquier edad y en cualquier
lugar, de aprender sobre sus derechos humanos y los de otras personas y
la manera de reclamarlos.
Su finalidad ulterior es que las personas desarrollen las
habilidades y actitudes necesarias para promover la igualdad, la
dignidad y el respeto en sus comunidades y sociedades, en todo el mundo,
y en especial la restitución de los derechos de las víctimas. Para
Amnistía Internacional, la educación en derechos humanos "es fundamental
para abordar las causas subyacentes de las violaciones de estos
derechos, creando un entorno propicio al pensamiento crítico, dando
espacio a las personas para que reflexionen sobre sus propios valores y
actitudes y, en definitiva, modifiquen su propia conducta". Busca,
esencialmente, prevenir los abusos contra los derechos humanos, combatir
la discriminación, promover la igualdad y fomentar la participación de
las personas en los procesos de toma de decisiones por medio de
aprendizajes inclusivos, participativos y democráticos.
La EDH se convierte en un proceso de empoderamiento, ya
que las metodologías participativas tratan de implicar, motivar y
aprovechar la capacidad del destinatario para emprender acciones
individuales y colectivas, y convertirse en agente de cambio. Lo
anterior es relevante en la actual situación política nacional, del
estallido social y la desproporcionada respuesta de las autoridades que
ha dejado a miles de mujeres, hombres y menores de edad víctimas de una
represión sin precedentes.
Hoy en día, lo que conocemos como educación cívica o
formación ciudadana ya no son suficientes como respuestas efectivas a
una real instrucción de los derechos, ya que es necesario verlo desde un
concepto más integrador y aplicable a la vida de todas las personas,
con especial énfasis en quienes han visto afectados sus derechos
humanos, es decir, una educación íntegra en derechos humanos.
*Carolina Carreño es miembro del Equipo Jurídico del Observatorio de Derechos Humanos
Publicado en El Mostrador el 14 de mayo de 2021.
https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2021/05/14/educar-ciudadania-en-chile-una-serie-de-pasos-en-falso/
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