Comprar lo justo, lo feo y lo que está por vencer disminuye el desperdicio de comida
Movimiento mundial
Comprar lo justo, lo feo y lo que está por vencer disminuye el desperdicio de comida
Aunque muchas
iniciativas buscan terminar con la pérdida de alimentos en perfecto
estado, aún el mundo sigue botando un tercio de todos los comestibles
que se producen.
Lorena Guzmán H.
El movimiento de los alimentos "feos" lleva años. En 2014, el supermercado francés Intermarché tuvo un éxito de ventas con manzanas grotescas, berenjenas desfiguradas y papas ridículas. Hoy, en Iowa, EEUU., se pueden encontrar los limones de la foto en la sección de "productos imperfectos".
Es altamente probable que cada vez que va al supermercado verifique qué falta en su refrigerador. Según esa lista, hace su compra y vuelve a atiborrar el aparato. Ahora imagine que inmediatamente después de guardar las cosas, bota a la basura un tercio de ellas. Eso es exactamente lo que el mundo está haciendo hoy.
Evidentemente, no todo el desperdicio de alimentos
se genera a nivel individual, sino también se suman los supermercados,
los restoranes y los mismos agricultores. Por ello, y asumiendo la
generalidad del problema, Naciones Unidas propuso una meta para todos:
en una década reducir el desperdicio a la mitad. La tarea es titánica.
La Fundación Retroalimenta llama a voluntarios para realizar cosexhas. En ellas se recupera directamente desde el campo lo que de otra forma habría terminado en la basura por no cumplir con los criterios del mercado.
Problema cultural
Solo en Estados Unidos se bota el 40% de los
alimentos que se producen, dijo Michael Webber, director del Instituto
de Energía de la Universidad de Texas, en la última reunión de la
Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS). "El
problema, además, es que el 12,5% de la energía que se produce en el
país va a la industria de los alimentos. El equivalente a la energía
total que necesita el Reino Unido", agregó.
La problemática es altamente compleja, porque
parte desde el cultivo, en el que muchas de las frutas y hortalizas se
desechan, simplemente, porque no cumplen los estándares estéticos que ha
impuesto el mercado. Luego se suma lo que descartan restoranes y
supermercados. Estos últimos, sobre todo, con los alimentos cercanos a
la fecha de vencimiento. Y por último están las personas, que compran
más de lo que realmente van a consumir. "Aún así, hay muchas cosas que
se pueden hacer sin costo. Esto implica un verdadero cambio de
mentalidad", dijo el investigador.
Carola Moya -académica del Campus Creativo de la
Universidad Andrés Bello y directora de Stgo Slow- concuerda. "La gente
no sabe lo que está desperdiciando. Cuando se bota una hamburguesa, no
solo se tiran los 500 pesos que cuesta, sino también los 16 mil litros
de agua que demandó su producción", asegura. Y a ello se suman también
la energía y el trabajo invertidos.
Por ello, agrega, son tan importantes las
fundaciones y movimientos ciudadanos que están tratando de visibilizar
el problema. Cuando partió @discosopachile -versión local de un
movimiento mundial que busca "llenar barrigas en vez de basureros"- en
2015, su cuenta de Instagram tenía unos 200 seguidores. Hoy suma casi 20
mil. "Somos la cuenta sobre el desperdicio de alimentos con más
seguidores a nivel mundial", dice Darío Contreras Levy, presidente de la
Fundación Retroalimenta.
A pesar del gran interés en el tema que tienen sus
seguidores, están conscientes de que no es suficiente. Por eso nació
Retroalimenta. "Este problema requiere de mucha educación, de estar
constantemente mostrándole a la gente nuevos hábitos de consumo; por
ello estamos trabajando de manera más formal", agrega. Ello incluye
cenas a beneficio con alimentos recuperados, cosechas solidarias de
hortalizas que se descartan por "feas", y la conexión directa con otros
actores. "Hoy, algunas empresas están más abiertas a discutir el tema,
pero falta mucho", reconoce.
El movimiento mundial de las frutas y verduras
feas también está en Chile, pero comerse una papa deforme es solo una de
las maneras de reducir el desperdicio. "Otra muy importante es
consumiendo lo que antes no se consideraba alimento", dice Carola Moya.
Por ello, parte de la educación viene con las recetas de cocina de, por
ejemplo, un pesto hecho con hojas de betarraga o de zanahoria, las que
hasta ahora eran consideradas desperdicio.
Comprar lo que realmente se necesita, optar por
las cosas a granel y no evitar los alimentos próximos a vencer también
son acciones simples, pero efectivas.
Las verduras feas tienen el mismo sabor que las bonitas, pero se venden a una fracción de lo que cuestan las perfectas.
Pérdidas
Según la Organización de Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura, en el mundo se bota el 45% de las frutas y
verduras, 35% de los productos del mar, y 20% de las carnes y lácteos.
Publicado en el Diario El Mercurio el 22 de febrero de 2019.
El Mercurio, 22 de febrero de 2019, Cuerpo A, pág. 12 Vida Ciencia Tecnología.
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