Medios y empresarios: dueños de nada
[Jueves de medios]
Medios y empresarios: dueños de nada
Heredaron diarios, compraron canales de televisión y fusionaron
plataformas para adaptarse a los nuevos tiempos. Otros optaron por
invertir millones en publicidad y, cuando les pareció que el tratamiento
noticioso no era el esperado, boicotearon y sacaron sus avisos. Pero
tras el terremoto que significó la megaelección constituyente, los
otrora poderosos medios chilenos parecen haber perdido cualquier
vestigio de influencia.
Marcos Ortiz F.*
Qué pasó con las maquinarias de los grandes partidos, se cuestionan los
analistas que no lo vieron venir. Quiénes son y qué piensan los
candidatos de la Lista del Pueblo, agrega El Mercurio dos
días después de las elecciones. Juan Sutil, quien apoyó con su
billetera a 28 candidatos –pero no logró elegir a más de 8– es más
honesto y declara: "No conocemos a gran parte de los independientes".
Conforme pasan los días, comienzan a aparecer las primeras respuestas. Un primer informe publicado en Ciper revela que
los integrantes de la Lista del Pueblo solo fueron parte del 4% de los
paneles de televisión, seis veces menos que los postulantes de Unidad
Constituyente, lista que pese al despliegue mediático obtuvo menos
electos. Para dejarlo más claro: mientras la Lista del Pueblo recibió 16
invitaciones a los sets televisivos entre marzo y abril, los candidatos
de Chile Vamos recibieron 133. Los medios tradicionales siguieron la
receta de siempre, pero obtuvieron un resultado diametralmente opuesto.
El último estudio de Conecta Media arroja más revelaciones.
Durante los tres meses que antecedieron a las elecciones, los
candidatos a la gobernación metropolitana con mayor cobertura mediática
fueron –en orden decreciente– Claudio Orrego, Pablo Maltés, Catalina
Parot y Karina Oliva. Esta última obtuvo un 40% menos de cobertura que
el postulante DC, pero en las urnas apenas los separó el 2% de los
votos. El mismo estudio muestra cómo las noticias sobre el alcalde
Felipe Alessandri quintuplicaron a las de la desafiante Irací Hassler,
quien terminó arrebatándole el sillón municipal de Santiago con 3 mil
votos de diferencia.
Pero quizás el caso más emblemático que explica cómo no es necesario
acudir a los medios tradicionales para conquistar el voto es el del
abogado Daniel Stingo, quien debió abandonar la comodidad del panel de Buenos días a todos a
dos semanas de transcurrido el estallido de 2019. Su figura
cuestionadora resultaba incómoda en un espacio históricamente dedicado
al consenso. Stingo optó por asociarse con otros dos periodistas para fundar La voz de los que sobran, su propia plataforma digital,
lo que junto a un importante despliegue en terreno sería clave para
convertirse en el candidato constituyente más votado de todo el país.
Los ejemplos sobran, se comienzan a repetir y parecen convertirse en
tendencia. En las antípodas, en cambio, ni la invisibilización ni las
campañas negativas de la prensa tradicional parecen haber ejercido mayor
influencia. LUN le dedicó su única portada política en semanas a Hugo Gutiérrez con
la advertencia que le hizo un juez en su audiencia, pero el ex diputado
comunista –uno de las víctimas favoritas en los diarios de los Edwards–
obtuvo la primera mayoría en el Distrito 2.
Lo mismo ocurrió con Jorge Sharp, quien fue reelecto alcalde porteño pese a las tres portadas que dedicó El Mercurio de Valparaíso para criticar la gestión municipal la misma semana de la elección. O qué decir de Cathy Barriga, quien, según Conecta Media, duplicó a su contrincante en apariciones mediáticas, fue beneficiada con una extensa entrevista en el matinal de Canal 13 a pocos días de los comicios y aun así fue derrotada en Maipú.
Quienes parecían dominarlo todo con tanta soltura hasta hace un año y
medio hoy son dueños de poco y nada. Si hasta entonces aparecer o
controlar los medios se traducía con relativa certeza en apoyo en las
urnas, hoy la tendencia parece ser la inversa. Tras el estallido, la socióloga Francisca Márquez explicaba en Ciper que
los medios hegemónicos "han construido de manera sigilosa, pero
sistemática, un modelo icónico y estereotipado de nuestra realidad,
empobreciendo o anulando la polifonía en la discusión política y de
clase".
Desde la Universidad Católica de Valparaíso, Pedro Santander iba más
lejos y los llamaba sencillamente "dispositivos de desaliento y
desmovilización", suerte de anestesistas capaces de distraer nuestra
atención de cualquier opción que pudiera parecer a una alternativa al
poder constituido.
¿Volvería a comprar Sebastián Piñera un canal de televisión tal como lo
hizo en 2005? Probablemente no. ¿Tiene hoy el director de El Mercurio el
mismo nivel de influencia que tuvo Agustín Edwards Eastman en 1970 para
reunirse en Washington con el director de la CIA? Cuesta imaginarlo.
¿Volverá el Partido Republicano a pagar avisos de página completa en El Mercurio, La Tercera y LUN para las elecciones de noviembre tal como lo hizo ahora en mayo? Solo si quieren botar su dinero.
Todo indica que no serán los independientes ni la primera línea quienes
rodearán la Convención Constitucional para presionar por una nueva Carta
Magna que refleje el espíritu del estallido. Estas fuerzas estarán
cómodamente sentadas al interior de los salones, mientras los dueños de
medios, encuestadoras, partidos y gremios miran por la ventana buscando
respuestas para conocer a "los que no conocemos".
*Director de Ojo del Medio (@ojodelmedio)
Publicado en Interferencia el 20 de mayo de 2021.
https://interferencia.cl/articulos/medios-y-empresarios-duenos-de-nada
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