Crianza: “Cuando hay padres y madres muy estrictos, la desobediencia se valida como un espacio autogestionado de experiencias”
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Crianza: "Cuando hay padres y madres muy estrictos, la desobediencia se valida como un espacio autogestionado de experiencias"
Andrea Hartung y Collage: Tamara García
Disney estrenó hace un mes su última película de animación titulada
Luca. En ella -y esto no es spoiler porque es la premisa de la cinta-un
niño del mar, cuyos padres siempre han sido estrictos con respecto a no
subir a la superficie, es animado por otro niño para salir a la playa, y
de ahí hacia un pueblo italiano donde vivirá increíbles aventuras y
descubrirá mucho sobre sí mismo. Sin duda, el haber salido del agua es
lo que motiva todos los aprendizajes que vienen, y que llevan al
protagonista a confirmar lo que sospechaba: Los temores y las
prohibiciones de sus padres no tenían sentido en realidad.
¿Hizo bien Luca al desobedecer a sus padres saliendo a la superficie? La
película da a entender que sí, lo que podría llamar la atención de
papás y mamás que la ven con sus hijos e hijas por primera vez. Porque
es distinto a lo que pasa en La Sirenita, donde la desobediencia trae
más problemas y dificultades que otra cosa. La pregunta entonces es: ¿Cuándo está bien que los niños y niñas sean desobedientes?
"La desobediencia podría ser útil para niños y niñas, en cuanto
comprendemos que al nacer, los bebés son seres completamente
dependientes de la madre y del padre, o de sus cuidadores, de
quienes van aprendiendo de a poco lo que implica estar vivos. Aprenden
que tienen un cuerpo con límites, único, y que les permite sentir
sensaciones. Que nuestras emociones nos enseñan cosas, que podemos
desarrollar habilidades y que las posibilidades son distintas para cada
uno", dice la psicóloga clínica infanto junvenil, Camila Garrido.
Y agrega: "En este sentido, es necesario ir saliendo progresivamente
de esa etapa de dependencia absoluta, para ir adaptándose a las
exigencias de vivir; participar del mundo social y comunitario, tener
amigos y amigas, ir al colegio, aprender a seguir reglas y tener un
sentido de pertenencia. Y la salida de esa dependencia absoluta tiene
que estar habilitada por los padres o cuidadores. Pero cuando esto
no sucede, y son sobreprotectores o coartan sus habilidades de conexión
con el mundo externo, ese niño o niña va perdiendo la posibilidad de
conocerse en la adversidad, la felicidad y el goce, y en ese sentido se
valida la desobediencia, como un espacio autogestionado de vivencias que
le permiten conectarse con sus gustos y deseos, experimentar y
conocerse a sí mismo en la experiencia. En otras palabras, ser
espontáneos".
Según la especialista, es a través de esta desobediencia que pueden
desarrollar la autonomía y autodeterminación en sus experiencias. "Aprenden a resolver por sí mismos, que pueden pedir ayuda, a conectarse
con otros de forma genuina, y aprenden de sus errores y sus aciertos", explica, y suma: "Poco
a poco, aprenden también que las reglas existen por algo, y que a veces
es mejor obedecer que desobedecer y ponerse en riesgo".
Es importante destacar, eso sí, que poner límites es responsabilidad
de padres y madres, en cuanto estos tienen la finalidad de protegerlos.
Pero no siempre es evidente dónde establecerlos sin limitar a niños y
niñas en su desarrollo. "Nadie nos enseñó a ser padres y madres y nadie
nos dice cómo hay que llevar a cabo el cuidado de otra persona,
teniendo en cuenta que el contexto siempre es cambiante y distinto,
los años pasan y las formas de hacer las cosas cambian también. Entonces
lo más importante es participar de círculos sociales con otros padres,
madres y cuidadores, en los que podamos ir conociendo y compartiendo
sobre los problemas y las otras realidades, resolver dudas, comentar
estrategias y estar abiertos a aprender". La especialista hace un
llamado a conocer el mundo interno de hijos e hijas, permitirles
autonomía, que desarrollen sus gustos y respetar su diversidad,
enseñándoles cuáles son sus derechos.
Y por sobre todo, la psicóloga invita a poner límites desde la
empatía y desde el amor: "Así van comprendiendo que detrás de los
límites hay una persona que siente preocupación, miedo, nervios, y que
con esa información ellos pueden decidir si hacen o no lo que quieren
hacer, entendiendo que esto tendrá consecuencia en otras personas. Y
padres y madres tienen que trabajar la empatía con sus hijos y
establecer una relación de confianza, para que se den acuerdos, teniendo
en cuenta el momento del ciclo del desarrollo del niño o niña".
"Es fundamental desarrollar una relación basada en la confianza con
hijos e hijas, para que puedan plantear sus dudas, tener acceso a
nosotros de forma emocional y psíquica, para poder sostenerlos en sus
miedos e inseguridades del día a día, dándoles la seguridad de que ellos
también pueden resolver por sí mismos", destaca Camila.
Por otro lado, en una columna publicada en GuíaInfantil.com, la
psicopedagoga María José Roldán, encuentra una justificación a la
desobediencia en el aprendizaje natural de niños y niñas: "Un niño
pequeño no tiene maldad como para desobedecer a sus padres de tal manera
que lo haga premeditadamente, si desobedece es posible que lo haga
porque algo en su interior le dice que siga aprendiendo". Lo que
recomienda, más que forzarlos a obedecer ciertas órdenes, es entregarles
lineamientos y guías, para que puedan moverse dentro de ellas, con opciones para que puedan, de forma autónoma, tomar el camino correcto.
Y agrega: "Si dejas que los hijos que sean capaces de tomar sus
decisiones respecto a sus actos y les ayudas a tomar el camino correcto,
te darás cuenta que crecerán con una mayor autoestima, sabrán tomar
decisiones en el futuro y sabrán decir que no cuando tengan que
hacerlo".
Publicado en revista Paula el 23 de julio de 2021.
https://www.latercera.com/paula/desobediencia-infantil-cuando-hay-padres-y-madres-estrictos-se-valida-como-un-espacio-autogestionado-de-experiencias/
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