Lo público para los pobres: vacíos y aciertos de la reforma “integral” de salud de Piñera
Lo público para los pobres: vacíos y aciertos de la reforma "integral" de salud de Piñera
La reforma de salud anunciada por el gobierno promete fortalecer Fonasa,
pero la investigadora Pamela Bernales piensa que en realidad lo
debilita, pues hace más fácil que sus usuarios gasten el subsidio
público en el sistema privado. Advierte que muchos subsidiados por
Fonasa optarán por hacer eso no porque la salud privada sea mejor, sino
porque se ha asentado la idea de que lo público es para pobres y nadie
quiere ser pobre. La red pública perderá así recursos que necesita con
urgencia.
Pamela Bernales Baksai
El pasado 22 de abril el gobierno anunció el ingreso de los proyectos de
ley para una reforma al sistema de salud. La propuesta se presenta como
una transformación integral que busca favorecer la solidaridad, terminar con la discriminación del actual sistema y aumentar la protección
de la clase media. Esta columna plantea que, al no enfrentar la
segmentación que caracteriza el acceso a la salud en el país, esta
reforma no puede conseguir ninguna de esas metas.
La introducción del concepto "integral" en el proyecto del gobierno no
es casual. El fallido Plan Garantizado de Salud (PGS) que se presentó en
el primer gobierno de Sebastián Piñera fue justamente criticado por ese
aspecto. Se dijo que se trataba de una reforma parcial, centrada en el
sector privado, que dejaba de lado al sistema público que cubre a
alrededor de tres cuartas partes de la población.
La actual propuesta podría ser considerada "integral", pues incluye
medidas para Fonasa y las Isapre. No obstante, bajo el argumento de
mejorar la protección de la clase media, el foco está en expandir el
acceso al sistema privado de una mayor proporción de la población antes
que en fortalecer el sistema de salud en su totalidad. De las tres
modificaciones permanentes contenidas en el proyecto de ley presentado
al Congreso para "Fortalecer las facultades del Fondo Nacional de Salud",
dos promueven que los usuarios de Fonasa reciban atención en los
prestadores privados de salud. En concreto, las medidas contemplan: 1)
la flexibilización de la derivación de pacientes Fonasa hacia centros
privados; y 2) la eliminación de los topes de cobertura para la
Modalidad de Libre Elección, MLE.
Dicho de otro modo, el grueso del fortalecimiento que propone el
gobierno apunta a aumentar las facultades del seguro público para
comprar servicios al sector privado. De esta manera, los usuarios
subsidiados por Fonasa podrían recurrir con mayor facilidad al mercado
en busca de las soluciones de salud que un sector público, cada vez más
debilitado por la falta de inversión, no podría entregar.
Pamela Bernales Baksai
Lo anterior conllevaría a que muchos de los recursos que actualmente se
destinan a la red pública, se desvíen hacia los prestadores privados. A
su vez, se empuja a las clases medias que permanecen en Fonasa
hacia la compra (asociada a copagos) de lo que muchos entendemos como un
derecho fundamental: la salud. Una medida como esta consolida
la segmentación, dejando al sistema público como una opción "para
pobres" y, por lo tanto, desprovisto de usuarios con mayor poder de
demandar una atención de calidad.
Empujar a los chilenos hacia el sistema privado no es llevarlos a una
mejor situación, como creen muchos ciudadanos. Los estándares son muy
distintos en la clínica sobre la cota mil que en los centros médicos que
se han esparcido por la ciudad, repletos de gente esperando y con
atenciones médicas de 10 minutos que más bien parecen una check list
de síntomas, exámenes y recetas de medicamentos. Las personas
aseguradas en Fonasa, a las cuales se les facilitaría acudir a los
prestadores privados, difícilmente tendrán los recursos suficientes para
asumir los copagos en las clínicas a las que acude la elite. Lo más
seguro es que tendrán que recurrir a ese otro sector privado, el de los
centros médicos atestados, de "segunda categoría", que están lejos de
ofrecer las garantías de equipamiento y capacidad de resolver los
problemas graves de salud que ofrecen los prestadores de la red pública.
Pese a ello, probablemente muchas personas optarán por pagar extra y
atenderse en centros de salud privado, puesto que la segmentación actual
refuerza la idea de que los centros de salud del sector público son
lugares de pobres y, claro, nadie quiere ser ni ser considerado pobre.
Solidaridad
Otra de las ideas fuerza de la propuesta del gobierno es impulsar "una
estructura más solidaria de financiamiento". La pregunta clave aquí es
entre quiénes se generaría dicha solidaridad. Pues mientras se mantengan
separados los recursos del sector público y el privado no es posible
siquiera pensar en una estructura solidaria, es decir, un sistema que
permita la movilización de recursos hacia quienes más los necesitan: los
enfermos, los adultos mayores, quienes tienen menor capacidad
económica.
Pasando de largo sobre este problema (que en esencia muestra la falta de
solidaridad), la propuesta del gobierno llama solidaridad a establecer
las mismas condiciones de precio para los planes de salud en las Isapre
entre hombres y mujeres, y a la creación de un esquema de compensación
de precios para disminuir la discriminación por edad y condición de
salud.
Dichas medidas son totalmente necesarias en el marco de la actual
estructura del sistema de salud, pues ya es ampliamente aceptado que el
descreme (selección de personas) y los cobros abusivos que hacen las
Isapre a mujeres, personas con problemas de salud y adultos mayores, son
totalmente impresentables. Sin embargo, tal como sucede con la
anunciada integralidad, la solidaridad propuesta se mueve dentro de los
márgenes de la segmentación de chilenos y chilenas. En otros términos,
queda restringida a ese 15% de personas que pueden comprar planes de
salud en las Isapre.
Por otra parte, cabe señalar que el sector público actualmente opera con un sistema de financiamiento que es solidario, pues Fonasa asigna recursos de acuerdo a las necesidades de salud de los asegurados y no en función de los montos de dinero que han cotizado individualmente. Esta fortaleza del seguro público es un aspecto que podría ser debilitado con el incentivo de la compra de servicios a los prestadores privados y de la MLE que se propone en reemplazo del fortalecimiento de la red pública de prestadores.
Como se señaló antes, al no invertir en mejorar los servicios que
entregan los centros públicos se incentiva el desplazamiento de las
clases medias hacia el sector privado, dejando a Fonasa paulatinamente
como la opción de seguro para las personas con menores recursos y
mayores problemas de salud. Dicho de otro modo, para poder redistribuir
Fonasa requiere tener cotizantes de clase media que aporten recursos, de
lo contrario su capacidad de movilizar recursos hacia quienes más los
necesitan quedaría dependiendo casi totalmente de los aportes fiscales
basados en impuestos generales.
No discriminación
Por último, terminar con la "discriminación" ha sido otro de los más
citados objetivos de la iniciativa de reforma. Las medidas anunciadas en
este ámbito, tanto en Fonasa (emparejar las posibilidades de hombres y
mujeres de ser carga de su cónyuge o conviviente civil) como en el
sistema de Isapre (eliminación de la declaración de salud y
prexistencias, y mismas condiciones de precio entre hombres y mujeres),
sin lugar a dudas constituirían avances fundamentales. En efecto, las
medidas anunciadas contribuirían a promover la igualdad género en
Fonasa, así como a hacer frente a las prácticas de selección según
riesgo que por muchos años han desarrollado las Isapre.
En este sentido la propuesta parece ir en la línea correcta, pero es
necesario observar que lo que se indica es el propósito de "(...)
disminuir significativamente las discriminaciones de precios", es decir,
no se contempla eliminar, sino disminuir las prácticas
discriminatorias. Además, desde un enfoque de derechos, no existe algo
como una "gradualidad en la discriminación", siendo más apropiado y
preciso determinar si se trata de un sistema que discrimina o no, sea
que lo haga por sexo, edad, condición de salud o por la capacidad
económica de los hogares para contratar planes privados o hacer copagos
por los servicios de salud.
Estos puntos ayudan a transparentar que, más allá de una serie de
declaraciones de principios hábilmente escogidas, nuevamente la salud no
es abordada como un bien al que todos y todas tenemos igual derecho. De
hecho, las medidas propuestas más bien consolidarán y profundizarán
lógicas de mercado y segmentación: distintos sistemas para distintas
clases sociales. Todo indica que por ahora los ciudadanos y ciudadanas
tendremos que continuar esperando por una iniciativa de reforma que
efectivamente ofrezca protección para todos y todas y que avance hacia
la equidad (concepto que involucra justicia) en el acceso a servicios de
salud de calidad.
Este artículo es parte del proyecto CIPER/Académico, una iniciativa
de CIPER que busca ser un puente entre la academia y el debate público,
cumpliendo con uno de los objetivos fundacionales que inspiran a nuestro
medio.
CIPER/Académico es un espacio abierto a toda aquella investigación
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Hasta el momento, CIPER/Académico recibe aportes de tres centros de
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el Centro de Estudios Interculturales e Indígenas (CIIR) y el Instituto
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libertad editorial de CIPER.
Publicado en Ciper Académico el 14 de mayo de 2019.
https://www.ciperchile.cl/2019/05/14/lo-publico-para-los-pobres-vacios-y-aciertos-de-la-reforma-integral-de-salud-de-pinera/
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