Chile: la plataforma que busca China para insertarse en América Latina
Chile: la plataforma que busca China para insertarse en América Latina
Todo indica que Chile es cada día más importante para
China, y depende cada vez más del gigante asiático y, por lo mismo,
tiene cada día menos autonomía/soberanía para decidir e implementar
políticas públicas que pudiesen afectar los intereses de inversiones
chinas en nuestro territorio. Esto nos lleva a jugar –aun sin quererlo–
en las ligas del cambio global geopolítico. En este contexto, la posible
adjudicación a Aisino de la licitación del Servicio de Registro Civil
no es algo baladí, porque no solo incumple con requerimientos de
tecnologías biométricas exigidas en las bases, lo que violaría la
seguridad de todo el sistema, sino que también la empresa china (lo que
es equivalente a decir: el Estado chino) tendrá en su poder información
relevante de todos los chilenos, lo que puede poner en riesgo la
seguridad nacional.
El Mostrador

China tiene hambre de Chile. Así se refiere InvestChile –la oficina gubernamental de promoción de inversiones extranjeras de nuestro país– al interés chino por invertir en nuestra nación. Además de Chile, China aparece hoy en casi todo el mundo como uno de los principales inversores extranjeros, con una notable capacidad financiera propia para sus diversificadas áreas de expansión. Lo novedoso (y que hay que atender con cuidado, por sus múltiples complejidades) es que nuestro país fue elegido como plataforma estratégica de la expansión china en América Latina, es decir, una especie de hub económico, cultural y político para desplegar su influencia global en la región.
Y esto nos lleva a jugar
–aun sin quererlo, e incluso sin tener una estrategia definida y
consensuada para ello– en las ligas del cambio global geopolítico,
complicando nuestras relaciones con Estados Unidos y Europa, nuestros
otros grandes socios comerciales y políticos.
Una licitación en curso
de cédulas de identidad, pasaportes y bases de datos personales del
Servicio de Registro Civil e Identificación (SRCeI), ha puesto a Aisino,
un conocido consorcio chino, con una pequeña participación alemana,
como primera opción de adjudicación, siendo un claro ejemplo del interés
estratégico comentado. La razón es simple: hoy no da lo mismo vender
manufacturas que servicios digitales o administrar bases de datos, temas
que tocan el propio corazón de la seguridad nacional y para lo cual la
reputación de Chile es una buena carta de presentación.
China ha tenido
dificultades para insertarse internacionalmente como un proveedor
confiable de servicios digitales. Recientemente, Francia, Alemania e
Italia han oficiado a la Comisión Europea para que restrinjan, en este
ámbito de la Unión, las operaciones que tienen hoy las empresas del
gigante asiático. Por su parte, Gran Bretaña ha optado por rectificar su
posición de permitir la presencia china en la provisión de 5G (básico
para el internet de las cosas y la multioperación de sistemas), algo que
la tenía enfrentada a sus aliados del llamado Club de los Cinco Ojos
(EE.UU., Canadá, Nueva Zelanda y Australia + Reino Unido), por problemas
de seguridad/geopolíticos con los chinos.
En América Latina no le
ha ido mucho mejor, pese a declaraciones rimbombantes, como en el caso
de Argentina. A mediados de marzo, en vísperas de un viaje a China de
Alberto Fernández, se habló de acuerdos de inversión por un valor
cercano a los 30 mil millones de dólares en obras de infraestructura,
transporte, energía –incluso nuclear–, hoy completamente detenidas. Un extenso artículo de Patricio Giusto, director del Observatorio Sino-Argentino y profesor visitante de la Universidad de Zhejiang, publicado en El Economista
el 13 de julio, sostiene que "paradojalmente, como nunca antes,
Argentina está desplegando políticas contrarias a los intereses de
China". Y detallaba una larga lista de proyectos postergados, y las
dificultades que enfrentan las empresas chinas en ese país. De ahí la
importancia estratégica de Chile para la geopolítica del gigante
asiático.
Volviendo a mirar a Chile
y la posible adjudicación a Aisino de las licitaciones del SRCeI, el
proceso se encuentra impugnado y judicializado ante el Tribunal de
Compras Públicas, por irregularidades en la admisibilidad, pues la
empresa china no habría cumplido satisfactoriamente los requerimientos
de las tecnologías biométricas exigidas en las bases. Específicamente,
su incumplimiento técnico permitiría que los registros de personas en el
sistema ofertado se pudieran repetir muchas veces usando otros datos,
violando así la seguridad de todo el sistema.
Un problema recurrente
atribuido a las empresas chinas proveedoras de sistemas digitales, es
que no protegen los datos de sus clientes, los manipulan y los aplican a
doble uso, prohibido o ilegal. En julio de 2020, la Agencia Federal de
Investigación de Estados Unidos (FBI) emitió un alerta de
ciberseguridad, indicando que el software para pago de impuestos que el gobierno chino obliga a usar a las empresas extranjeras en China, tiene un malware (software
malicioso) que abre una "puerta trasera" en los sistemas de esas
compañías para obtener información privada o reservada, desde el año
2018. Esto corresponde a Baiwang y Aisino, únicos proveedores
autorizados de servicios de software fiscal para el pago de impuesto al valor agregado (IVA) en China.
Consultado el
vicepresidente de Aisino, Ma Zhenzhou, por la prensa chilena el 2020,
respecto a la postulación china a la licitación en el SRCeI, sostuvo que "los que deben comprobar algo son los que han publicado un hecho falso
(...)". "Somos un consorcio chino-alemán que invierte en distintos países
y, en el caso de Chile, creemos que podemos hacer un aporte desde
nuestra experiencia (...). Tenemos como socio estratégico a la empresa de
tecnología alemana Mühlbauer, lo que representa un doble nivel de
seguridad para Chile".
Pero hoy el argumento del
vocero de Aisino está desvirtuado, al conocerse que toda la biometría
–dactilar, facial y de iris– del proyecto para el SRCeI, corresponde a
empresas chinas, y que Mühlbauer, la firma alemana, solo proveerá los
plásticos y, por lo tanto, nada tiene que ver con los registros de
seguridad.
Por otro lado, la sola
mención de un defecto de carácter biométrico en los registros del
Registro Civil pone en riesgo inmediato el Programa de Visa Waiver de
que gozan hoy los ciudadanos chilenos para ingresar a los EE.UU.
El interés chino en Chile
tiene que ver tanto con comercio y prestigio como con geopolítica
global. En el sector eléctrico, las inversiones chinas son abrumadoras.
La compra de Chilquinta y de la Compañía General de Electricidad (CGE)
por parte de State Grid International Development Limited (SGIDL),
filial internacional de tal vez la principal eléctrica estatal de China,
dejó más del 60% del mercado nacional de distribución eléctrica en
manos de esta empresa. Y van por más: Transelec, Atiaia Energía, la
generadora Pacific Hydro, a lo que hay que agregar las inversiones en
energías renovables a través de tres empresas: JA Solar, Yingli Green
Energy Holding Company y Envision Energy.
Todo esto, sin objeción
conocida de parte del regulador chileno, que permite que los millones de
consumidores conectados a esas distribuciones sean traspasados como
ganado de una compañía a otra, bajo una legislación que les asegura a
las empresas una ganancia por ley.
En salud, Sinovac
instalará una planta de Fill & Finish para aportar una parte de la
cadena de producción de más de 60 millones de dosis de la vacuna
Coronavac, y construirá un centro de I+D en Antofagasta, para mejorar
sus vacunas, donde –según se ha dicho– colaboraría con las Universidades
de Chile y de Antofagasta.
Y agreguemos a Tianqui en
el litio. Además, no se descarta –según antecedentes que han circulado–
que los chinos tengan como objetivo los puertos de nuestro país, y que
estén detrás del resistido proyecto minero portuario Dominga y de obras
de infraestructura como el Túnel binacional (Chile/Argentina) de Aguas
Negras, en la IV Región.
En el mapa de poder de China, nuestro país está al Este (solo nos separa del gigante asiático el Océano Pacífico), lo que proyecta un enorme significado a nuestra política oceánica, en la extensión del llamado collar de perlas chino, red de bases militares y puertos que aseguren sus redes extensas de abastecimiento de materias primas y control de mercados.
En el mapa de poder de China, nuestro país está al Este (solo nos separa del gigante asiático el Océano Pacífico), lo que proyecta un enorme significado a nuestra política oceánica, en la extensión del llamado collar de perlas chino, red de bases militares y puertos que aseguren sus redes extensas de abastecimiento de materias primas y control de mercados.
Chile tiene una posición
de prestigio internacional, pero no la cuida, y ese interés nunca ha
recibido una atención de análisis estratégico por parte del Estado
chileno, más allá de sus beneficios comerciales. China concentra la
mayor parte de las importaciones de todo tipo que llegan al país, es el
mayor comprador de nuestros minerales, provee 5G, controla la
distribución eléctrica, tiene bancos en Chile, está en electromovilidad y
ahora podría controlar el Registro Civil –lo que le daría acceso a
parte importante de la información relevante de todos los chilenos–. No
es poco para un país en que todas sus empresas, públicas o privadas, se
someten a una regla de dependencia soberana con el Estado chino, y que
en realidad es control del Partido Comunista a través de sus diversas
comisiones.
Empresas que van por el
mundo, además, exigiendo "inmunidad soberana" a los países, como podría
ser el caso de Aisino, de acuerdo a sus reglas de creación. Ello las
lleva comúnmente a conflictos con las legislaciones de las naciones
donde operan, en temas que los incomodan, como laborales, equidad de
género, medio ambiente o derechos humanos, que no son parte de su
cultura corporativa.
Con lo dicho, todo indica
que Chile tiene, cada día que pasa, menos autonomía/soberanía para
implementar en el futuro políticas públicas que pudiesen afectar los
intereses de inversiones chinas en esta larga y angosta faja de tierra. Y
nuestras autoridades nada dicen al respecto y no existe una
conversación seria multisectorial para establecer políticas y
directrices que permitan delimitar qué hacer. Porque las inversiones
son, en general, buenas noticias para Chile, pero en la medida que no
signifiquen renunciar a la autonomía/soberanía nacional.
Acostumbrados a una
economía de directrices estatales y funcionarias, China en realidad no
se comporta como una economía de mercado, sino como una extraña mezcla
de "ética oriental y ciencia occidental", una en que el individualismo
no existe, sino donde todo es redes de parentesco y clientelismo local,
además de sujeción al poder autocrático del partido gobernante. Según Lu
Xun –uno de los intelectuales del Movimiento del Cuatro de Mayo, y uno
de los impulsores del nacionalismo chino en 1919–, el problema de la
civilización china es que se trata de "una cultura forjada alrededor de
la sumisión a los amos, que triunfan a costa de la miseria de las
multitudes". A ese Movimiento también perteneció Mao Zedong, aunque
pronto dejó la filosofía para pasar a las armas.
Publicado en diario electrónico El Mostrador el 16 de agosto de 2021.
https://www.elmostrador.cl/destacado/2021/08/16/chile-la-plataforma-que-busca-china-para-insertarse-en-america-latina/
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