El giro del neoliberalismo al neofascismo: universalización y segregación en el sistema capitalista
El giro del neoliberalismo al neofascismo: universalización y segregación en el sistema capitalista
El neoliberalismo y el neofascismo constituyen dos expresiones
indisociables entre sí de una misma configuración actual del sistema
capitalista.
David Pavón Cuellar
El neoliberalismo y el neofascismo constituyen dos expresiones
indisociables entre sí de una misma configuración actual del sistema
capitalista. Esto es lo que el autor intenta demostrar con el auxilio de
recursos conceptuales provenientes principalmente de las teorías
marxista y freudiana-lacaniana. La demostración pasa por tres momentos:
1) la elucidación de las modalidades neoliberales de exacerbación,
psicologización y universalización del funcionamiento capitalista; 2) la
interpretación del neofascismo como una estrategia estética,
segregativa y unificadora al servicio del neoliberalismo; 3) el análisis
de formas neoliberales y neofascistas de concebir y relacionar la
segregación y la discriminación, la exclusión y la explotación, la
diferencia y la desigualdad, el desarrollo y el subdesarrollo, la
propiedad y la privación.
El exceso neoliberal del capitalismo
Quienes protestamos contra el neoliberalismo no ignoramos que nuestra
protesta es contra una expresión histórica del capitalismo. Sabemos que
el capital es lo que está en el fondo, lo medular del asunto, lo que
opera de modo neoliberal en el plano de la política económica. Sin
embargo, aunque sepamos todo esto, procedemos a menudo como si no lo
supiéramos.
Karl Marx
Vociferamos contra el neoliberalismo y no contra el capitalismo, quizás
porque el capital se las arregla para que lo perdamos de vista o porque
nos hemos resignado a él o simplemente porque ya no está de moda la
radicalidad aprendida en Marx por la que íbamos "a la
raíz" de lo que nos oprime(1). El caso es que desistimos de nuestra
lucha revolucionaria contra el capitalismo y nos ceñimos a la modesta
utopía de corregir su perfil neoliberal con sus rasgos característicos:
el desenfreno, el descaro, el cinismo. Simplemente queremos poner
límites a eso que nos destruye y que ya no aspiramos a destruir.
Nuestra oposición ya no es contra el capitalismo, sino tan solo contra
su exceso neoliberal: el de un capital desenvuelto, desinhibido, incluso
impúdico e indudablemente desembarazado, aligerado, liberado en el
libre mercado. Este capital es el mismo de siempre, asesino, devastador e
insaciable como siempre lo ha sido, pero ahora lo es como tan solo
puede serlo en el neoliberalismo: con absoluta libertad, sin vergüenza
ni culpabilidad, sin recato ni límites ni frenos de ningún tipo. Así,
gracias a su libertad neoliberal, el capital puede ser lo que es en
mayor grado, hasta sus últimas consecuencias, hasta la destrucción total
de la vida sobre la superficie de la Tierra. Todo lo vivo puede ser libremente suprimido al ser transmutado en más y más capital inerte, inanimado, muerto(2).
Matando todo lo que toca, el capitalismo nunca es tanto lo que es, lo
muerto que es a costa de lo vivo, como en el momento neoliberal en el
que significativamente pasa desapercibo. El capital ya no aparece aquí
exactamente como lo que es. Ya no se presenta bajo la reveladora forma
decimonónica denunciada por Marx: la del "vampiro" que "chupa trabajo
vivo y que vive más cuanto más trabajo vivo chupa"(3). Desde luego que
sigue mostrándose así, al desnudo, en espacios en donde impera la
violencia de la acumulación originaria o de la explotación directa de la
fuerza de trabajo manual. Sin embargo, fuera de esos espacios, el
capital opera encubierto en su aspecto neoliberal.
El encubrimiento neoliberal del capital no debe hacernos pensar que el
neoliberalismo es una ideología en el sentido más convencional,
difundido e inexacto del término, precisamente el de aquello que encubre
la realidad, que la oculta o que la disimula. Ya hemos visto que el
capitalismo, al mismo tiempo que se encubre con su aspecto neoliberal,
se descubre a través de él y se vuelve descarado, cínico, dando lugar a
ese apogeo del cinismo que atrajo la atención de Sloterdijk(4) y que llevó a Žižek(5)
a redefinir la ideología con auxilio del psicoanálisis. Retomando esta
redefinición, podemos decir que, si el neoliberalismo es ideológico, lo
es en el sentido preciso de aquello que descubre lo que encubre,
presenta lo que representa, realiza lo que plantea y ejerce él mismo el
poder que permite ejercer, pudiendo proceder así, en clave foucaultiana,
como racionalidad y gubernamentalidad(6).
Peter Sloterdijk
Somos gobernados y reconstituidos por la estructuración racional del neoliberalismo. Aquello neoliberal con lo que el capitalismo se encubre ideológicamente no es ni más ni menos que nosotros mismos y nuestro mundo. Esto hace que el capital no aparezca definidamente como ese vampiro exterior que nos persigue y nos oprime, sino que se disipe en su omnipresencia, en la indistinción, en la totalidad y en la mismidad. El capital se desvanece detrás de su fisonomía neoliberal y apenas consigue presentirse como algo soterrado que opera subrepticiamente y que incluso, como diría Marcuse, adopta la forma de nuestra libertad(7).
El espejo psicológico neoliberal
Además de liberar el capital, el neoliberalismo hace que sintamos de
algún modo que su liberación es la nuestra, que deseamos y decidimos lo
que él nos impone, incluida su propia dominación capitalista. Esta
dominación aparece engañosamente como un irresistible compuesto de
voluntad personal y fatalidad impersonal. ¿Cómo resistirse a un
capitalismo neoliberal que se vive, por un lado, como natural e
inevitable, como consecuencia de la inercia de las cosas, y, por otro
lado, como efecto de nuestros más íntimos instintos humanos, como
espontáneamente querido y elegido, no impuesto sobre nosotros por una
clase dominante ni por una estructura material?
1. Karl Marx, "En torno a la crítica de la Filosofía del Derecho de
Hegel" (1844), en Escritos de juventud (Ciudad de México: FCE, 1986),
497.
2. Marx, El Capital, vol. I (Ciudad de México: FCE, 2008), 146, 208, 422-424.
3. Ibíd., 178-179.
4. Peter Sloterdijk, Crítica de la Razón Cínica (Madrid: Siruela, 2014).
5. Slavoj Žižek, The Sublime Object of Ideology (Londres: Verso, 1989).
6. No hay necesariamente contradicción, pues, entre la concepción del
neoliberalismo como ideología y su operación racional y gubernamental
descrita por Pierre Dardot y Christian Laval en La nouvelle raison du monde (París: La découverte, 2009).
7. Herbert Marcuse, El hombre unidimensional (Barcelona: Planeta, 2010), 46-47, 68-69.
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