Las Redes Sociales en la política, participación y desafíos mediáticos
Las Redes Sociales en la política, participación y desafíos mediáticos
Sebastián Fernández B.
Luego del triunfo de Jair Bolsonaro (PSL) en las elecciones
presidenciales de Brasil, quedaron al descubierto una serie de supuestas
noticias falsas, o como hoy se denomina a las publicaciones que
promueven la desinformación, Fake News. Estas noticias habrían sido compartidas en WhatsApp
por grupos cercanos al ahora presidente electo de Brasil con la
intención de desacreditar al competidor oponente Fernando Haddad (PT),
así lo han informado medios de comunicación internacionales, dejando
espacio a la incertidumbre en cuanto a la responsabilidad política en el
uso de redes sociales.
Estas redes se han transformado en una herramienta de difusión veloz y
en un medio eficiente para compartir noticias (textos, imágenes, videos y
audios). Son de abierto acceso y evidentemente nos permiten llegar a
quienes se encuentran a kilómetros de distancia. El problema emerge
cuando fuera de cualquier certeza, surgen enunciados carentes de
veracidad y son rapidamente compartidos a través de una red de expansión
masiva.
Son las consecuencias de vivir el fenómeno que Marshall McLuhan (1964) denominaría como la Aldea Global.
Un escenario en el que las redes conectan al mundo de forma amplia e
inmediata, donde prima la interactividad y la comunicación se expande
sin dirección única. Plataformas como Youtube, WhatsApp, Twitter, Facebook, Instragram
y otras, abren espacio a la participación de usuarios en la agenda
mediática a través de diálogos, opiniones y publicaciones, situación que
a la vez hace complejo el control y aumenta la cantidad de información
circulante en el globo. Incluso más, queda abierta la posibilidad a que
se pierda u omita la procedencia de la fuente que emite la información.
Claramente se vislumbra en este fenómeno una oportunidad en tanto la
tecnología ha permitido a la sociedad democratizar la información,
trasladando la atención de los comunicadores ya no al "cómo llegar al
consumidor", sino al "cómo hacer que prefieran mi contenido por sobre el
de otros". Entonces -insistiría McLuhan- en el marco de esta
globalización, "transitamos desde la sociedad visual a la sociedad
analógica", donde prima lo táctil y las interconexiones se expanden como
redes crecientes de una tela de araña digital. Las redes sociales se
validan como medios, dándonos la posibilidad de ser fuentes de
información masiva, incluso –si queremos- de jugar al anonimato, como al
parecer habría ocurrido en Brasil.
De todas formas, no podemos desconocer el gran avance que arrastra este
proceso, la información es más accesible y los medios tradicionales se
han visto impulsados a establecer canales de interactividad con sus
públicos a través de redes sociales. En términos políticos no existen
grandes diferencias, la necesidad de interacción digital se ha instalado
y una estrategia de fácil auto-apoyo son los denominados bots que
vendrían siendo algo así como palos blancos de la era digital. A través
de un perfil falso emiten juicios en favor de un(a) candidato(a) y en
contra de otro(a).
En el caso Bolsonaro, la red social utilizada para instalar estas fake news fue WhatsApp. Según el informe de Global Digital de We Are Social y Hootsuite, WhatsApp
es la tercera red social más usada en el mundo durante al año 2018 y la
mejor aplicación de mensajería en 128 países a nivel mundial. A pesar
de no contar con un modelo de negocios sólido como otras redes sociales
que se financian con publicidad, WhatSapp es gratuito y ha
logrado establecerse como una red de mensajería cotidiana en las
relaciones interpersonales. A través de conversaciones individuales y
grupales, es posible enviar contenido y que éste se expanda velozmente.
Para la estrategia política, es claramente una herramienta ahorrativa y
eficiente que podría instalar una noticia en cosa de horas incluso si no
se conoce con exactitud la fuente de su procedencia.
Asumiendo esto, cabe preguntarse por la diferencia presente entre los
medios de comunicación tradicionales y las redes sociales. Siguiendo en
la óptica de McLuhan, una hipótesis podría ser que la comunicación en
los diferentes grados en los que se juega, brinda un estatus, un valor a
cada uno de los medios que la emiten. Se instalaría esta diferencia en
la cantidad de interconexiones presentes en las redes emergentes de este
medio, por ende, tener mayor interconectividad significaría alcanzar un
mayor grado de influencia. Estaríamos jugando el mundo digital en el
escenario de la capacidad que tiene cada medio para interconectarse. Lo
anterior se podría explicar como una situación autorregulada en la que
ya depende del mérito de cada medio, la capacidad de interconexiones que
logre alcanzar. Estableciendo lo anterior, se sienta como una
alternativa, la posible influencia de los grupos cercanos a Bolsonaro
sobre un segmento de los votantes, ya que al ser grupos con alto grado
de seguidores, estas noticias podrían haber sido rápidamente
masificadas.
Retomando la idea, los medios de comunicación tradicionales que antes se
reconocerían como agentes de influencia mediática, aquellos que
establecían la Agenda Setting, hoy aparecen como sistemas
interconectados con mayor capacidad de interacción social. Habría que
poner entonces la atención en los valores materiales que afirman a cada
medio para mantener su posición dentro de la red y definir su grado de
influencia. Así y todo, con esta diferencia latente entre medios
establecidos y no establecidos, es inevitable que las redes sociales se
vinculen a los medios tradicionales y viceversa, por lo que surge la
necesidad imperiosa de regular la cantidad de información falsa que
circula en este tránsito.
Si en este caso, son los medios tradicionales los que generan mayor
confianza en la ciudadanía y a la vez, tienen mayor cantidad de
seguidores, deberían ser los llamados a contribuir desde su meticuloso
trabajo periodístico al control de las Fake News, sin embargo, esto
generaría justamente el problema que en cierto modo intenta aplacarse
con la instalación noticiosa en redes sociales, que es la
inequitatividad en los niveles de cobertura política.
Por ejemplo, en Chile el año 2016 el Servicio Nacional Electoral (SERVEL) publicó el "Manual de Consulta de Campaña y Propaganda"
que dentro de sus puntos prohibía el uso de Redes Sociales para las
Campañas Políticas, precisión que fue revertida días más tarde. Esta
situación sin lugar a dudas perjudicaba por sobre todo a aquellos
candidatos que no poseían grandes montos de financiamiento en sus
campañas y acudían a redes sociales como alternativa de difusión para
sus ideas. Sumado a esto, eran justamente los candidatos de partidos no
tradicionales quienes tenían menor capacidad de financiamiento y a la
vez, recibían menor cobertura mediática en comparación con las
coaliciones tradicionales.
Para las elecciones municipales que se avecinan el año 2020 en nuestro
país, se proyectan 2 grandes desafíos en términos de comunicación
digital. El primero de ellos refiere justamente al control del contenido
que flota en redes sociales de tal modo de aportar a los votantes
información fidedigna y confiable. El segundo en tanto, hace referencia a
la búsqueda del equilibrio responsable entre medios tradicionales y
redes sociales que otorgue mayor equitatividad en la mediatización de
todos los sectores políticos aspirantes a cargos públicos.
El contenido vertido en esta Columna de opinión es de
exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la
línea editorial ni postura de Diario y Radio Universidad de Chile.
Publicado en Diario Universidad de Chile el 05 de noviembre de 2018.
https://radio.uchile.cl/2018/11/05/las-redes-sociales-en-la-politica-participacion-y-desafios-mediaticos/
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