Parlamentarismo para terminar dictaduras y fortalecer la democracia en Latinoamérica
Parlamentarismo para terminar dictaduras y fortalecer la democracia en Latinoamérica
Carlos Sánchez Berzain*
La falta de unidad de líderes, partidos y agrupaciones que luchan para
recuperar la democracia en Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua es la
debilidad más grande que impide derrotar a los desgastados e inviables
dictadores. El reconocimiento de un liderazgo de consenso y la unidad de
mando es casi imposible, cuando además las dictaduras operan opositores
funcionales y aplican terrorismo de Estado.
Luego, el problema es la ingobernabilidad por el mismo divisionismo que
hace crisis en el sistema presidencialista. Veamos el parlamentarismo
como opción para salir de las dictaduras y fortalecer las democracias en
Latinoamérica.
El parlamentarismo es el sistema de gobierno en el que el pueblo elige
los miembros del Parlamento y la elección del gobierno (Poder Ejecutivo)
emana del Parlamento (Poder Legislativo), siendo el gobierno
responsable ante el Parlamento. La institución legitimada
democráticamente con el voto popular es el Parlamento que elige al Poder
Ejecutivo que depende de la mayoría que lo respalde en el Parlamento,
esto es que "el gobierno depende de la confianza del Parlamento y este
sustenta su poder en la legitimidad que le da la votación popular".
El sistema parlamentario promueve el consenso y la negociación política
abierta para formar mayoría. El debate entre presidencialismo y
parlamentarismo es tan largo como la existencia de las repúblicas
latinoamericanas. Chile fue República Parlamentaria de 1891 a 1924 y su
estatus fue cambiado luego de un golpe de Estado. Brasil fue República
Parlamentaria de 1961 a 1963 y cambió por referéndum.
La proliferación de opciones, partidos y movimientos políticos y
sociales, el divisionismo político y social, han contribuido al
deterioro del sistema presidencialista en la región, dando origen a
gobiernos débiles con sucesivas crisis que han convertido las crisis de
gobierno en crisis de democracia.
El castrochavismo ha usado la debilidad del presidencialismo para tomar
el poder y mediante modificaciones con apariencia de legalidad instalar "dictaduras electoralistas" que violan los derechos humanos, han
liquidado el Estado de Derecho y la separación e independencia de
poderes. Las dictaduras del socialismo del siglo XXI se esfuerzan en
simular democracia bajo la falacia de "nuevas formas de democracia" para
lo que necesitan desconocer la Carta Democrática Interamericana que con
fuerza de ley constitutiva señala los "elementos esenciales de la
democracia". Su último esfuerzo puede verse en la reunión de la Celac que
acaba de fracasar.
Para una efectiva transición de dictadura a democracia es necesario
cesar el sistema jurídico impuesto por los usurpadores del poder y
evitar la impunidad. No hay transición posible con las leyes de la
dictadura y con los verdugos incorporados como actores políticos
impunes, pero tampoco hay futuro con el sistema que facilitó la
instalación de la dictaduras.
El fracaso del gobierno de transición de Jeanine Áñez (hoy presa
política de sus beneficiados) y el consiguiente oprobio contra el pueblo
de Bolivia, y la penosa situación del gobierno legítimo de Juan Guaidó
en Venezuela, prueban que para recuperar la democracia se necesita
concentración de una fuerza política que sea mayor que la fuerza
criminal de la dictadura. Para recuperar la democracia se debe recuperar
la "república" y el sistema presidencialista se presenta objetivamente
como un obstáculo para la resistencia, la transición y el gobierno en
democracia.
En lugar de que todos los líderes y grupos de oposición -funcionales y
reales- sigan dispersando sus fuerzas en la lucha por imponer al que
sería el próximo presidente, usaran el sistema parlamentarista de
búsqueda de consensos y construcción de mayorías, se podría lograr la
fuerza política necesaria para cesar la dictadura. Este sistema
organizará las participaciones en el poder y retirada la dictadura,
concentraría el poder político en un Parlamento participativo,
pluralista y tan diverso como lo decida el voto popular y ese Parlamento
elegiría al jefe de gobierno que se puede llamar presidente del
gobierno para mantener nuestras aficiones a los títulos.
En el presidencialismo cuando un presidente es bueno el periodo de
gobierno resulta corto y los muchos se ven tentados a "reformar la
Constitución" violándola para permanecer en el poder. Cuando el
presidente es malo, cualquier forma de separación del mando queda bajo
la sombra del "golpe de Estado". En esta realidad objetiva, pensemos
encaminar la recuperación y gestión de la democracia al parlamentarismo,
en el que un buen jefe de gobierno puede permanecer los 16 años de
Merkel en Alemania, los 17 de Berlusconi en Italia o los casi 12 de
Thatcher, sin ser dictador.
*Abogado y politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy
www.calossanchezberzain.com
Publicado en Hispanopost el 27 de septiembre de 2021.
https://hispanopost.com/parlamentarismo-para-terminar-dictaduras-y-fortalecer-la-democracia-en-latinoamerica/
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