Se extiende la coronafobia: “Trabajo en casa y evito salir para no infectarme”
Se extiende la coronafobia: "Trabajo en casa y evito salir para no infectarme"
El miedo al contagio de coronavirus se instala en las
plantillas, sobre todo entre personas de mediana edad y que trabajan de
cara al público
Susana Carrizosa
"Apenas salgo. Me contagié en la primera ola y arrastro fatiga crónica. Tengo miedo a infectarme otra vez y no quiero volver a la oficina.
Mi puesto permite teletrabajar al 100%. Las empresas dicen que toman
medidas, pero luego hay quien no las cumple. Me genera ansiedad ir al
comedor o al baño, potenciales focos de contagio. Asistí a una reunión
en un coworking y la mayoría estaba sin mascarilla", afirma
Marta, coordinadora en una conocida editorial. Puede que no lo sepa,
pero se enfrenta a un nuevo problema de salud mental, la coronafobia, sobre la que alerta la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Casos como este son cada vez más frecuentes en trabajadores que han desarrollado excesiva ansiedad asociada a la covid-19.
Temen socializar o utilizar el transporte público, pero también subir
en ascensor, abrir una puerta o cruzarse sin distancia con un compañero
en el entorno laboral. No confían en el cumplimiento a rajatabla por
parte de jefes y empleados de las medidas de seguridad. “Nos están
llegando consultas relacionadas con la posible consideración de esta
patología como motivo de baja laboral”, sostiene Mariano Sanz,
secretario confederal de Salud Laboral y Sostenibilidad Medioambiental
de CC OO. Pero aclara: "Una fobia está considerada una enfermedad común
dentro del Sistema de Salud Pública y no una enfermedad derivada de la
actividad profesional, por lo que no es motivo de baja laboral
profesional".
Sanz lamenta que el sistema "tampoco reconozca esta nueva patología como riesgo derivado del trabajo"
y que desencadena una excesiva ansiedad por temor al contagio, en el
marco de las relaciones laborales. Más aún cuando la OMS advierte de que
en 2030 los problemas de salud mental serán el primer motivo de
discapacidad. Por ello, desde el sindicato UGT, José de las Morenas,
coordinador de Salud Laboral, reclama sacar toda la infantería de
prevención en los puestos donde es inviable el teletrabajo. "En sectores
que no permiten trabajar desde el salón de casa, como la industria, la
construcción, los mataderos o la hostelería es necesario volver a las
medidas de la primera ola porque se está trabajando con miedo".
Reivindica "la importancia de la distancia, control de aforos, sobre
todo en vestuarios; filtros HEPA de extracción de aire, pantallas y uso
de mascarillas FFP2 (no quirúrgicas) debido a la alta incidencia por
aerosoles".
La mayoría de las consultas que reciben en CC OO provienen "de
trabajadoras de mediana edad con empleos de cara al público en comercios
o en la Administración, donde el riesgo de contagio se multiplica",
indica Sanz. También de logística, servicios y entretenimiento, según De
las Morenas. "Hay miedo. Y se acentúa en trabajadores más expuestos y
que padecen afecciones derivadas de la covid. Igual que entre aquellos
que temen ser transmisores porque conviven con niños o personas de
riesgo", añade.
Por su parte, la jefa de la unidad de Cristalografía e Ingeniería de
Proteínas del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO),
Inés Muñoz, coincide: "A pesar de la vacunación, el miedo persiste en
personas que no lo han pasado y en las que temen volver a contagiarse
porque les preocupa cómo va a reaccionar su organismo". Y aclara que "no
estamos ante una gripe, es otro virus y, como te pille mal, acabas
hospitalizado".
Una incertidumbre que trae de cabeza a una profesora de la Escuela
Oficial de Idiomas, que prefiere mantener el anonimato. Confiesa "enorme
ansiedad" al impartir clases presenciales. "Llevo muy mal las dos horas
de transporte público hasta mi centro de trabajo. Me fijo en si la
gente lleva bien puesta la mascarilla, evito que me rocen o se acerquen
demasiado". Reconoce que puede dar clases presenciales porque "la
alternativa síncrona ha rebajado sustancialmente la asistencia de
alumnos hasta seis u ocho. No podría asumir muchos más. Tengo mucho
miedo. No se respeta la distancia. Los compañeros se han relajado y
tocan todos los ordenadores...". A su juicio, tendrían que ser
obligatorios los test de antígenos para entrar en los centros.
Entornos de confianza
La coronafobia, según los expertos, ha encontrado su caldo de cultivo en
personas vulnerables y en aquellas con cierta predisposición a
trastornos mentales como las fobias. Por ello, apelan a la
responsabilidad de las empresas para crear entornos de confianza en los
centros de trabajo. "El coronavirus ha generado hipocondría, heredada en
muchos casos del confinamiento", sostiene Javier Cantera, presidente de
Auren Consultores. Una hipocondría que, en su opinión, viene
determinada por "lo cercano que cada persona ha vivido las consecuencias
de esta enfermedad en su familia y su entorno" y que nada tienen que
ver con la alta vacunación y una sexta ola del coronavirus más laxa.
Cantera apela a la urgente y masiva implantación de planes de bienestar
psicológico en las empresas. Por tres motivos: "Estamos ante una fobia
muy relacionada con la cibercondria, la que desarrolla el sujeto
que se informa constantemente de cifras de infectados,
hospitalizaciones, muerte y malas noticias". Y que se alimenta con "el
continuo bombardeo de vídeos virales, fake en su mayoría",
explica. El segundo motivo tiene que ver con los directivos. "Deben
trabajar la ejemplaridad en el respeto a las medidas sanitarias y que el
empleado vea que son los primeros en cumplirlas, porque una cosa es lo
que se dice y otra muy diferente, lo que se hace". Finalmente, pide "que
en la vuelta al presencialismo, cada vez más cercana tras la incipiente
caída en contagios de ómicron, las empresas no se relajen en el control
de las instalaciones, para que el empleado perciba que puede trabajar
en un entorno seguro y protegido", concluye.
Adiós al apretón de manos
No pocos son los negocios que tras su cierre quedan sellados por un
apretón de manos. El origen probable de este gesto se sitúa en la
antigua Babilona y está presente en la iconografía grecorromana. De su
significado se ha escrito que podría ser un gesto de paz al mostrar con
la mano abierta no portar armas. En Roma fue empleado por los
emperadores para sellar pactos de hospitalidad iniciados con los
visigodos, para intercambiar servicio militar por tierras.
La pandemia, sin embargo, puede acabar con este milenario gesto, ya que
según los expertos la mayor parte de las infecciones comunes se
contagian por las manos. De hecho, ya ha sido eliminado de las reuniones
formales. "La nueva normalidad covid representa un cambio de paradigma
en muchos aspectos. Igual que incorporamos a nuestra vida la mascarilla,
se suprime en el ámbito laboral todo contacto como medida de prevención
sanitaria", explica el consultor Javier Cantera.
Publicado en diario El País el 23 de enero de 2022.
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